¿Sabe usted quién es Jesús? – Dr. Charles Stanley

El apóstol Pablo escribió a las iglesias de Galacia que Dios envió a su Hijo para rescatarnos, para que dejáramos de ser esclavos de este mundo y nos convirtiéramos en hijos del Rey y así fuéramos herederos de su reino eterno (Ga 4.4-7). Cristo vino al mundo como ser humano para identificarse con nuestras luchas y redimirnos del pecado mediante su sacrificio en la cruz. Lo hizo por nosotros para que pudiéramos pasar la eternidad con Él en el cielo. En este sermón, el Dr. Stanley utiliza las Sagradas Escrituras para responder a preguntas comunes en cuanto al Señor Jesucristo. Para más mensajes de Charles Stanley, incluyendo la transmisión de esta semana, visite www.encontacto.org/vea

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Dr. Stanley: Al escuchar
el nombre Jesús,

¿qué le viene a la mente?

Pues puedo decirle que eso
depende de qué piensa de Él,

cuánto sabe de Él, y qué
clase de relación tiene con Él.

Mucha gente tiene una
relación maravillosa con Jesús.

Él es su Salvador, Amo y Señor.

Muchos otros, al escuchar
su nombre, se desconectan.

Me pregunto por qué habrían de
despreciar el nombre de Jesús

siendo que es el Hijo de
Dios, nunca cometió un error,

nunca pecó.

E incluso quienes odian su
nombre, no dicen:

«Lo odio porque…

hizo esto o aquello».

Sino que algo muy dentro de
ellos, hace que no aprecien ni

amen al Señor Jesucristo.

Entonces le
pregunto, ¿qué piensa usted?

¿Qué lugar tiene Él en su vida?

Si alguien le preguntara:
«¿Quién es este Jesús?»

¿Qué respondería?

Diría: «Bueno, es el Salvador
del mundo, es el Señor, tengo fe

en Él como mi Salvador personal,
tengo vida eterna, y Él está

conmigo cada día, sana mis
enfermedades, contesta mis

oraciones, está en el cielo
y esto pienso que es Él».

Si eso es lo único que sabe,
tiene mucho por aprender.

Hoy, el propósito principal
de este mensaje es simplemente

ayudarle a entender
quién es este Jesús.

Así que, cuando alguien le
confronte, o cuando alguien le

diga: «Bueno, sabe,
no creo en Él y…»

Por lo general,
no saben por qué.

Le daré varias razones para
decirles por qué usted cree que

Jesucristo es el Hijo de Dios,
el único Salvador que hay, no

como todas las demás
figuras religiosas.

Y Él es el Rey de todos
los reyes, y un día estaremos

frente a Él como nuestro juez.

¿Por qué creemos eso?

Le pido que busque
su Biblia, y si está en casa,

búsquese un papel o un lápiz o
bolígrafo, y deseo animarle a

escribir los puntos de este
mensaje, y también

los pasajes bíblicos.

No le pediré que escriba todo lo
que diremos de los pasajes,

solo escribalos.

Y luego, siendo sincero, hágase
la pregunta: ¿Quién es este

Jesús en quien creo?

O, ¿quién es este Jesús a
quien he rechazado toda mi vida?

Primero que todo, quiero decir
que Jesús vivía antes de ser

concebido en el
vientre de su madre.

Él vivía antes de ser concebido
en el vientre de su madre.

Él era preexistente.

O sea, antes de nacer, existía.

Vayamos al primer libro de
la Biblia, vayamos al primer

capítulo de la Biblia, y escuche
lo que dice en el versículo 26:

«Entonces dijo Dios:» después de
describir su creación, «‘Hagamos

al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza; y

señoree en los peces del mar, en
las aves de los cielos, en las

bestias, en toda la tierra, y
en todo animal que se arrastra

sobre la tierra'».

Permítame preguntarle,
¿quienes «hagamos»?

Alguien dirá: «Los ángeles».

No, los ángeles no crean nada.

Cuando Dios dijo: «Hagamos»,
sólo quiso decir una cosa: Dios

Padre, Dios Hijo,
Dios Espíritu Santo.

Las 3 personas que conforman
la Trinidad, son un solo Dios.

«Hagamos al hombre
a nuestra imagen».

Entonces, tenga la bondad de ir
un momento a Juan capítulo 1 y

veamos qué dice
Juan acerca de Jesús.

Y aquí hay un par de palabras
que deseo explicar, Juan 1,

versículo 1, dice: «En el
principio era el Verbo».

Y la manera en que Juan
dijo esto fue muy perfecta.

Cuando usa la palabra
«verbo» aquí, al decir:

«En el principio era el Verbo».

No significa algo sucedió allá,
sino en el principio del tiempo,

Jesús estaba allí, desde
el pasado de la eternidad.

Él no comenzó allí.

Escuche lo que dice: «En el
principio era el Verbo, y el

Verbo era con Dios, y
el Verbo era Dios».

Aquí se hace referencia a
Jesús como: «el Verbo y

era con Dios y

era Dios».

Aquí se afirma, como dice
Juan, que Él y el Padre son uno.

En breve volveremos a eso, «Este
era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron
hechas, y sin él nada de lo que

ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la
vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas
resplandece, y las tinieblas no

prevalecieron contra ella».

Mire, Cuando comenzamos en
Génesis 1:1, aquí, Jesús estaba

allí con Dios desde el
pasado de la eternidad.

¿Qué otro líder religioso en el
mundo ha existido desde antes

del comienzo del tiempo?

Ninguno.

Eso coloca a Jesús en otra
posición totalmente distinta a

la de cualquier otro líder
religioso que haya vivido.

«En el principio era el Verbo».

No un punto, en
griego usa

el tiempo verbal
pretérito imperfecto.

Él existía–

Entonces, dijimos que Jesús
nació en el mundo que Él había

creado, y dice: «sin él nada
de lo que había sido hecho,

fue hecho».

Veamos en Colosenses 1,
lo que dice el apóstol Pablo.

Colosenses 1, justo después de
Filipenses, y note lo que dice

en Colosenses capítulo 1.

Dice, refiriéndose a Jesús en el
versículo 14: «en quien tenemos

redención», o sea,
nuestra salvación,

«el perdón de pecados».

Ahora, mucha atención: «Él es
la imagen del Dios invisible, el

primogénito de toda creación».

Y volveremos a eso: «Porque en
él fueron creadas todas las

cosas, las que hay en los cielos
y las que hay en la tierra,

visibles e invisibles;

sean tronos, sean
dominios, sean principados,

todo fue creado por
medio de él y para él».

Ahora, qué quiere decir
cuando habla de que Él fue «el

primogénito de toda creación».

Aquí se refiere
simplemente a esto.

En la familia hebrea, el
primogénito administraba.

Era quien recibía más.

Entonces cuando dice: «el
primogénito de toda creación».

Jesús es el
administrador de su creación.

Él es cabeza de todo.

Y fíjese también lo
que dice en Hebreos.

Vayamos a Hebreos por un
momento, al primer capítulo, y

veamos un par de
versículos aquí.

Hebreos 1:1, «Dios, habiendo
hablado muchas veces y de muchas

maneras en otro tiempo a los
padres por los profetas, en

estos postreros días nos
ha hablado por el Hijo».

O sea, en Jesús, «a quien Él
constituyó heredero de todo, y

por quien asimismo
hizo el universo».

Si usted cree en la Biblia, debe
creer que Jesucristo estaba en

el proceso con Dios el Padre y
el Espíritu Santo, haciendo este

mundo, creando este mundo con
ese diseño absoluto.

Creer que todo eso fue por
casualidad realmente

no tiene validez alguna.

Entonces debe decidir si creerá
lo que creen los hombres, y no

pueden probar, o lo que
la Biblia dice.

Y en la Biblia no hay
error alguno.

Esta es la Palabra viva de Dios.

Al decir que Jesús nació en
el mundo que Él creó,

de esa forma lo hizo.

Y el mundo expresa la sabiduría
de Dios, el poder, la

belleza y la
presencia de Dios.

El tercer punto que quiero
dar es éste: Jesús nació de una

madre terrenal y un Padre
Celestial, una madre terrenal

y un Padre Celestial.

La Biblia dice en Lucas, en este
primer capítulo, donde Gabriel

le habla a María, porque
ella dijo: «¿Cómo será esto?

pues soy virgen, no conozco
varón».

Porque fue obra del Padre
Celestial mediante el Espíritu

Santo, lo que significa que
Jesús nació de una virgen.

Porque al nacer sin
simiente de hombre,

Él no tuvo naturaleza
pecaminosa.

De haber nacido Jesús de
modo natural, hubiera tenido

naturaleza pecaminosa y no
habría podido morir por nuestros

pecados, habría muerto
por los suyos.

El hecho de que nació de una
virgen y sin pecado alguno, y

alguien dirá: «Pues, ¿cómo
sabe usted que Él no pecó?

Permítame preguntarle:
¿Qué hizo mal?

¿Qué pecado cometió?

¿Qué error cometió?

Su vida fue perfecta porque
era Dios en carne humana.

Así vino Dios a la
tierra, en carne humana.

Jesús tuvo que ser el Hijo
perfecto de Dios, sin pecado,

para morir por nuestros pecados.

Dios lo mandó con ese propósito.

Él fue el sacrificio supremo,
divino y final, que ocurriría en

la cruz, en el Calvario.

Al morir, Él pagó la
deuda de nuestros pecados

y los del mundo.

Él fue el único sacrificio
aceptable porque Él fue el único

sacrificio sin pecado.

No fueron los animales.

Fue la vida del Señor Jesús.

Y recuerde que Jesús es
Dios en carne humana, y fue

absolutamente perfecto.

Fue sin pecado.

Y eso lo hizo un
sacrificio aceptable

ante los ojos del Padre.

Él murió, fue crucificado, y
creemos: «Fueron los romanos».

No.
Lo hizo Dios.

Dios lo envío para morir.

Los romanos solo lo clavaron,
fueron herramientas para

crucificarlo, pero Dios el Padre
fue quien lo crucificó, porque

Él vino al mundo por
esa razón específica.

Cuando alguien dice: «No creo
en el nacimiento virginal»,

entonces no cree
en el Jesús real.

Segundo, no cree en el
nacimiento virginal porque no

cree en la Biblia.

No cree en el nacimiento
virginal, mire, sin ese

nacimiento no seríamos salvos.

El Hijo de Dios vino para que
fuésemos salvos de nuestros

pecados, y el nacimiento
virginal fue parte de eso.

Ahora, otra cosa que deseo
que notemos aquí es ésta.

Jesús era tanto Dios
como el Hijo de Dios.

Ahora, hay quienes dicen:
«¿Cómo puede ser esto posible?»

Bueno, vayamos al capítulo
10 de Juan, por un momento.

Veamos en el capítulo 10 de
Juan, y vayamos al versículo 27,

Jesús hablaba a quienes estaban
con Él: «Mis ovejas oyen mi voz,

y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna y no

perecerán jamás, ni nadie
las arrebatará de mi mano».

Una vez que usted es hijo
de Dios, lo es eternamente.

El diablo no puede
sacarle de la mano de Dios.

Nada ni nadie puede.

Luego dice: «Mi Padre que me las
dio, es mayor que todos, y nadie

las puede arrebatar de
la mano de mi Padre».

Vea lo siguiente:
«Yo y el Padre uno somos».

¿Escuchó eso?

«Yo y el Padre uno somos».

Jesús es el Dios vivo visible.

Y note lo que pasó.

«Entonces los judíos volvieron a
tomar piedras para apedrearle».

No soportaban la idea de
que Jesús afirmara ser Dios.

Iba más allá de su comprensión.

Luego vayamos por un momento a
Juan capítulo 12, y deseo que

veamos el versículo 42:
«Con todo eso, aun de los

gobernantes, muchos creyeron en
él; pero a causa de los fariseos

no lo confesaban, para no ser
expulsados de la sinagoga».

Ahora permítame decirle esto.

Usted nunca debería avergonzarse
de Jesucristo, nunca, bajo

ninguna condición, avergonzarse
de Él o negarlo.

Escuche, «Porque amaban más la
gloria de los hombres que la

gloria de Dios».

Mucha atención.

Va a trabajar mañana, comienza
a hablar de Jesús o le gustaría

pero no lo hace por
temor a ser rechazado.

Mire, ¿me escucha?

Diga amén.

Se une a quienes buscan la
aprobación de otros en lugar de

la aprobación de Dios.

Eso fue
exactamente lo que hicieron.

Y, «Jesús clamó y dijo:

‘El que cree
en mí, no cree en mí,

sino en el que me envió».

O sea represento a Dios: «el
que me ve, ve al que me envió.

El que me ve, ve
al que me envió.

Y si vamos más adelante, a
Juan 14, veamos un momento el

capítulo 14 y

es un capítulo maravilloso sobre
la venida de Jesús y el cielo, y

al llegar al versículo 7, dice:
«Si me conocieseis, también a mi

Padre conoceríais».

Ahora dice: «y desde ahora le
conocéis, y le habéis visto».

«Felipe le dijo: ‘Señor,
muéstranos el Padre,

y nos basta'».

«Jesús le dijo: ‘¿Tanto tiempo
hace que estoy con vosotros, y

no me has conocido, Felipe?

El que me ha visto a mí, ha
visto al Padre; ¿cómo, pues,

dices tú:
Muéstranos el Padre?'».

Porque, escuche esto, Jesús es
el Dios vivo, en forma visible,

para que pudiéramos tener
una mejor relación con Él.

Ahora, el nombre de
Jesús no tiene igual.

No hay otro nombre como el suyo.

Y si vamos por ejemplo a
Filipenses 2, comenzando en

el versículo 9: «Por lo cual
Dios también le exaltó hasta lo

sumo», a Jesús, «y le
dio un nombre

que es sobre todo nombre».

O sea, Dios el Padre le
dio a Jesús su nombre.

Dios el Padre, «y
le dio un nombre».

El nombre de Jesús.

Gabriel le dijo a María
que ese sería su nombre.

Vea esto: «y le dio un nombre»,
Jesús, «que es sobre todo

nombre, para que en el nombre de
Jesús se doble toda rodilla», no

quizás, es un hecho, «se doble
toda rodilla de los que están en

los cielos, y en la tierra, y
debajo de la tierra; y toda

lengua confiese que
Jesucristo es el Señor,

para gloria de Dios Padre».

Ahora, ¿qué dice eso?

Quizás no le agrade.

Pero le diré algo.

Puede anotar esto,
porque lo dijo Dios.

Uno de estos días confesará
que Jesucristo es el Señor, no

importa lo que haya
dicho de Él aquí y allá.

Un día doblará sus rodillas
ante el Señor Jesucristo

como su juez.

¡Cuán insensato es vivir sin Él!

Lo confesará.

Dirá: «Pues moriré
antes de confesarlo».

Morirá antes de confesarlo e irá
al infierno por decisión propia.

Solo será porque escogió
negarlo.

Escogió rechazar al Hijo de
Dios, quien es Dios en la carne,

quien vino en forma visible para
que pudiéramos entender mejor

quién es Dios, cómo
es y todo lo demás.

«Se doble toda rodilla y toda
lengua confiese que Jesucristo

es el Señor, para
gloria de Dios Padre».

Y Él dice que pasará
y sin duda pasará.

Y, por ejemplo, cuando envió a
los discípulos a predicar el

evangelio, dejó muy claro en
qué consiste el evangelio.

Y dijo esto en Lucas capítulo
24, Dijo: «y que se predicase en

su nombre, el
arrepentimiento y el perdón de

pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén».

El nombre de Jesús no es
sólo un nombre,

¡es el nombre del Dios vivo!

Es el nombre del Dios visible
cuando anduvo aquí en la tierra.

Entonces, por ejemplo, al pensar
en cuando oramos, vayamos a Juan

capítulo 14, dice: «Y todo lo
que pidiereis al Padre

en mi nombre».

O sea, pedimos conforme a
su voluntad, conforme a su

propósito, conforme a lo
que agrada y honra a Dios.

Él dice que lo contestará.

Entonces al orar, Él está ahí.

Damos gracias en su nombre.

Somos bautizados en su nombre.

Y luego en Mateo 18, algo
que sucede ahora mismo

en este servicio.

Escuche lo que dice, en Mateo
18:20 «Porque donde están dos o

tres congregados en mi
nombre, allí estoy yo

en medio de ellos».

Entonces, podríamos decir:
«Buenos días, Jesús…».

porque Él está aquí.

¿Cuántas veces está aquí?

Está aquí en el corazón de cada
uno de los que somos salvos.

Por eso damos una invitación.

Hacemos un llamado para
invitarle a aceptar Jesucristo

como su Salvador personal, para
que al salir de aquí, Cristo

esté en su corazón para ser todo
lo que Él es y será en la vida

del creyente.

Ahora, para algunos,
Él es solo una figura.

Lo que deseo que vea es esto.

Todo lo que hemos
dicho hasta ahora.

Él no es solo una
figura–Él es Dios.

Él es Dios en la carne; quien
murió en la cruz por nuestros

pecados, quien murió,
fue sepultado y resucitó.

Y a todas las demás religiones
que afirman esto y aquello, les

preguntaría:
¿Dónde está su líder?

Muerto, en la tumba.

¿Dónde está Jesús?

Resucitado, sentado a la
diestra de Dios Padre,

intercediendo por nosotros.

¡Ese es el testimonio
de la Palabra de Dios!

Ahora, Él nos recuerda y nos
advierte en este capítulo 10 de

Mateo, nos advierte en cuanto a
cómo serán las actitudes

de las personas.

Dice que seremos odiados
por todos a causa de Él.

Entonces, todo lo que está
pasando en la actualidad, es

justo lo que Él dijo.

Estas cosas pasarán, pero
debemos mantenernos firmes.

Mire, si usted cree en el Hijo
de Dios, cree en Jesucristo como

su Salvador personal, nunca
debe avergonzarse de Él.

Cuando alguien usa el nombre
de Jesús de un modo obsceno, le

aseguro que darán cuenta.

«Ah, pero Dios no es así».

Sí lo es.

Él nos ha concedido
el nombre de Jesús.

Que lo hace el nombre número 1,
con todas las altas prioridades

que pudieron ser dadas
a Jesús, se lo dio.

Luego, por último, diría que
Jesús vino al mundo, la primera

vez, como un bebé, Él
volverá como Rey y Juez

de toda la humanidad.

Y podemos ver en Mateo 25, un
pasaje largo, sobre la venida de

Jesús y la separación de ovejas
y cabras; y que Él es el juez

de la humanidad.

Es la persona que
usted ha aceptado.

Es el Salvador,
quien es su Salvador.

Es el único Salvador, y es por
su nombre, sólo por su nombre,

que podemos ir al cielo.

Él dijo: «Nadie viene
al Padre sino por mí».

Y, mire, lo mismo que incomodó a
los saduceos en aquel tiempo, e

hizo que quisieran apedrearlo,
la misma afirmación molesta

a la gente hoy.

«¿Pretende decir que
hay un solo camino?»

Uno solo.

«Eso es egoísta.

Es un dios avaro y prejuicioso».

¡No lo es!

Él envió a su Hijo, el Señor
Jesús, a morir en la cruz para

salvarle de sus pecados.

No hay otro camino.

No hay otro lugar,
ni otra persona.

Dirá: «No soy tan malo».

Necesita otra perspectiva.

Tiene una naturaleza, vieja
y pecaminosa que le llevará

directo para abajo, separado
de Dios por la eternidad.

No tiene otra opción.
Dirá: «Soy una buena persona».

Bueno a sus ojos.

Pero la Biblia dice: «Todos
pecaron y están destituidos de

la gloria de Dios».

«El alma que pecare, morirá».

«La paga del pecado es muerte».

«Toda rodilla se doblará, y
toda lengua confesará

que Jesucristo es el Señor».

Él es Dios.

«Está establecido para
los hombres que mueran

una sola vez y después de
esto el juicio».

¡Piénselo!

Si no acepta a Jesús como
su Salvador, ¡piénselo!

¿Cuál es su alternativa
al enfrentar la muerte?

Si es sabio, le pedirá al Señor
que perdone sus pecados, le

perdone por despreciar su
nombre, y ponga su vida

en sus manos.

Puede hacerlo allí
mismo donde está.

Pídale que perdone sus pecados,
y quizás las cosas que ha dicho

de Él, pecados que ha
cometido en su vida.

Dígale que hoy cree en su muerte
en el Calvario como paga total

por su pecado.

Que hoy rinde su vida a Jesús,
quien es Dios en la carne, quien

vino con el fin de salvarle.

Pone su vida en sus manos, y de
ahora en adelante, con la ayuda,

la guía y la fortaleza del
Espíritu Santo, decide vivir

como agrada a Dios hasta el
último momento de su vida.

Mi oración es que sea
sabio para hacerlo.

Padre, cuán agradecidos
estamos hoy, que nos enviaste al

Salvador, y hayas dicho tan
claro en tu Palabra, quién es

Él, por qué vino, y por qué
merece nuestra lealtad, nuestra

sumisión, y entrega total.

Te bendecimos hoy, Padre,

y bendecimos a tu
Hijo Jesús, amén.