Nuestro Dios de las promesas – Dr. Charles Stanley

Nuestra vida de fe se basa en promesas, entre ellas, la vida eterna y la resurrección. Sus promesas pueden ser incondicionales o condicionales. Dios cumplirá ciertas promesas sin importar las circunstancias. Otras veces, las cumplirá bajo ciertas condiciones. El Dr. Stanley explica que podemos estar seguros de que Dios cumplirá sus promesas, pues es veraz, fiel, inmutable y misericordioso. Además, podemos confiar en su capacidad para cumplir sus promesas porque es… Omnisciente: Dios conoce cada detalle de cada decisión que necesitamos tomar. Sabe lo que hubo antes y lo que viene después. Sus promesas se basan en un conocimiento pleno, lo que le impide equivocarse. Omnipresente: Dios está siempre con nosotros sin importar lo que ocurra en nuestras vidas. Promete no dejarnos ni abandonarnos nunca. Omnipotente: El Shaddai es el nombre hebreo de Dios que significa “Dios Todopoderoso”. Él siempre está en control, ya sea que entendamos lo que está haciendo o no. Nada es demasiado difícil para Él. Las únicas razones por las que una promesa condicional podría no cumplirse es porque nuestras peticiones no están dentro de la voluntad de Dios o el pecado se ha interpuesto en el camino. Para estas promesas, Dios solo requiere dos cosas de nosotros: obediencia y fe. Si seguimos al Señor y confiamos en que cumplirá su palabra, experimentaremos las grandes bendiciones de ver sus promesas cumplidas. Para más mensajes de Charles Stanley, incluyendo la transmisión de esta semana, visite www.encontacto.org/vea

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locutor: En Contacto con el
Dr. Charles Stanley celebra 45

años de la fidelidad de Dios.

Hoy, en el programa En Contacto,
«Nuestro Dios de las promesas».

Dr. Charles Stanley: Todos
hacemos promesas en la vida,

algunas las cumplimos, otras no.

Quizás nuestra intención sea
cumplir cada una, pero por

alguna circunstancia no
lo hacemos.

Pienso, por ejemplo, en los
padres que le prometen algo a un

hijo, y no lo cumplen, y
piensan: «Está bien,

es solo un niño».

Pero recuerde que al prometerle
algo a un niño, ese niño valora

esa promesa basado en quién la
hizo.

Si papá promete algo, y le dice
a su hijo o hija: «Esta tarde

cuando regrese te llevaré al
juego de fútbol; o te traeré

esto o aquello», y luego llega y
dice: «Estoy cansado».

«Trabajé mucho, y no tuve
tiempo, lo siento».

Eso no significa que: «Rompió su
promesa», sino: «Me despreció».

Una promesa es algo poderoso.

Especialmente para los niños, si
sus padres no cumplen su

palabra, sucede esto.

Un niño ve a su papá como lo
mejor, después de Dios.

Para una niña, una madre es lo
máximo.

Si las 2 personas más
importantes en su vida, no

cumplen sus promesas, pasa esto.

No es que ese niño dudará de sus
padres de vez en cuando, sino

que crecerán dudando la palabra
de los adultos.

Así que antes de que
hagamos promesas,

debemos pensarlo bien.

Porque, mire, si no cumplimos
nuestras promesas,

pasa lo siguiente.

Es un reflejo de nuestro
carácter, por ejemplo, además de

herir a la otra persona.

Entonces no es algo que solo
nos afecta,

sino también a los demás.

Así que las promesas
son valiosas,

y deben ser significativas.

De hecho, si lo pensamos toda
nuestra vida cristiana está

centrada en un
grupo de promesas.

Y esas promesas vienen de la
Palabra de Dios.

¿Cómo sabe que tiene vida
eterna?

Porque Jesucristo prometió que
al aceptarlo como su Salvador,

usted tendrá el don de vida
eterna.

Lo cree porque fue una promesa
que hizo el Señor.

Entonces, ¿qué pasará después de
que usted muera?

¿Cómo sabe dónde estará?

La única razón por la cual
sabemos dónde estaremos es

porque la Biblia dice:
«Ausentes del cuerpo,

y presentes al Señor».

¿Cómo sabemos que después de la
muerte habrá una resurrección?

Porque lo dijo Jesucristo.

Lo creemos.

Algo en Él nos hace creer
sus promesas.

Nuestra vida entera está
envuelta en sus promesas.

El propósito de este mensaje es
que entendamos por qué debemos

confiar en las promesas de Dios
todopoderoso.

Y mucha gente dice: «He confiado
en Dios pero no funcionó».

¿Por qué no funcionó?

¿Acaso Dios le ha fallado?

¿O ha roto alguna promesa?

Algo es seguro, Dios no ha roto
sus promesas.

Busquemos un momento en Hebreos,
capítulo 10, deseo leer este

pasaje, enfocándonos en un
versículo en particular.

Pero antes de leerlo, veamos lo
que quiere decir este versículo.

En Hebreos 10, desde el
versículo 19, habla del hecho de

que tenemos acceso al Dios Padre
y nos relacionamos con Él

mediante su Hijo Jesús, a quien
Él llamó el Camino, y lo tenemos

al aceptarlo como Salvador.

Dice que Él es nuestro Sumo
Sacerdote, y tenemos plena

certeza por lo que ha hecho en
nuestra vida.

Dice el versículo 23:
«Mantengamos firme».

Es decir, aferrarnos
con firmeza, «sin fluctuar, la

profesión de nuestra esperanza».

¿Y por qué razón?

«porque»– «fiel es
el que prometió».

Bien, en este mensaje hablaremos
de todo este asunto de por qué

hemos de creer en las promesas
de Dios.

Ahora al pensar en las promesas
que usted ha hecho en

su vida, a alguien prometió
amarle, o casarse, o prometió

algo a sus hijos, o a sus
padres, o a un amigo.

¿Cuántas veces ha roto esas
promesas?

O le pregunto: ¿Ha hecho
promesas a la ligera?

«Sí, cuenten conmigo, estaré
allí y esto y aquello».

Y luego no lo hizo.

Usted dirá: «Bueno, ellos
entenderán».

Quizás no lo entendieron.

Uno de los atributos
maravillosos de Dios es que Él

nunca ha roto una promesa.

Él nunca ha olvidado una
promesa, ni una sola.

Al darnos cuenta de que la vida
cristiana está envuelta en las

promesas bíblicas de Dios,
comenzamos a captar cuán

importante es que entendamos la
magnitud de que digamos:

«Te prometo…

tal cosa».

¿Qué quiso decir Dios?

Y, por ejemplo, ¿por
qué deberíamos creer

lo que Dios prometió?

Si alguien prometiera darle 5
mil dólares solo por venir a la

iglesia el próximo domingo.

Usted se haría 2 preguntas:
Primero que todo,

¿quién es esta persona?

Y segundo, ¿acaso tiene 5 mil
dólares?

Esas 2 cosas: carácter y
habilidad.

Para cumplir promesas, depende
del carácter y la habilidad.

¿Cumplirá su palabra y puede
cumplirla?

Muy importante.

Ahora a veces hay gente que se
queja de lo que Dios está

haciendo o no, así que es
sumamente importante

que entendamos esto.

Hay 2 clases de promesas que
Dios da.

Hay promesas incondicionales y
hay promesas condicionales.

Una promesa incondicional es
aquella en la cual Dios promete

hacer algo, y Él hará lo que
dijo, sin excepción alguna.

No hay excepciones.

¿Bien, cuál es un ejemplo de
eso?

Bueno en Génesis, capítulo 12,
cuando Dios llama a Abram, vemos

un ejemplo perfecto de una
promesa incondicional.

Y notemos la diferencia entre
esta clase de promesa

y una condicional.

Dice en Génesis 12.1: «Pero
Jehová había dicho a Abram:

Vete de tu tierra y de tu
parentela, y de la casa de tu

padre, a la tierra que te
mostraré'».

Vea lo que hará: «a la tierra
que te mostraré.

‘Y haré de ti una nación grande,
y te bendeciré, y engrandeceré

tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te
bendijeren, y a los que te

maldijeren maldeciré; y serán
benditas en ti todas las

familias de la tierra'».

Mucha atención, aquí vemos una
promesa incondicional tras otra.

Dios no dijo ni una vez:
«Excepto, si, pero,

cuando, donde».

Solo dijo: «Esto es lo que
haré».

Esa es una promesa
incondicional.

Veamos el ejemplo de una promesa
condicional.

Se trata de un compromiso que
alguien adquiere de hacer algo

sujeto a ciertas
circunstancias específicas.

«Si pasa esto, haré aquello».

«Si haces esto, haré esto otro».

Hay muchas de esas promesas en
la Biblia.

Por ejemplo, tomemos una en
Romanos 10, versículos 9 y 10.

Escuche: «que si confesares con
tu boca que Jesús es el Señor, y

creyeres en tu corazón que Dios
le levantó de los muertos, serás

salvo»; Es una promesa
condicional.

«Si…»

Cuando alguien dice: «Sé que he
sido salvo».

¿Cómo?

«Pues he sido bueno toda mi
vida».

No, eso no es lo que dijo
Dios.

Dios dijo que nuestra salvación
está condicionada a nuestra fe

en Cristo como Señor y Salvador.

Por ejemplo, «si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y

justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda

maldad».

Dice «si», es condicional.

Entonces, ¿qué clase de promesas
hacemos la mayoría?

Mire, solo podemos hacer
promesas condicionales por la

sencilla razón de que no podemos
controlar todo.

No podemos controlar todas las
circunstancias, por lo tanto,

nuestras promesas
son condicionales,

aunque las hagamos de todo
corazón.

Decimos: «Haré esto.

Cuenta conmigo.

Allí estaré».

Quizás casi siempre cumplamos,
pero podemos enfermarnos, sufrir

un accidente; algo puede pasarle
a nuestros hijos, no pudimos ir.

Nuestras promesas son
condicionales y nuestra

credibilidad se basa en nuestro
carácter y habilidad de hacer lo

que dijimos.

Lo mismo es cierto en la vida
cristiana.

Dios hace promesas
incondicionales

y hace promesas condicionales.

Nuestras promesas son
condicionales, solo Dios puede

hacer promesas que son
inalterables.

Ahora a la luz de esto, veamos
este asunto del carácter

y la habilidad.

Pensemos por un momento en Dios.

Quisiera que tomemos 4
características o atributos

de Dios.

Veamos 4, pero hay muchos–

Por ejemplo, está la santidad,
la justicia,

la rectitud de Dios, todos esos.

Pero veamos 4 atributos, y
quisiera que los viéramos porque

cuando entendemos quién es Dios
y cómo es su carácter, y qué

significa su carácter, y su
habilidad, no hay razón para

dudar de su Palabra.

Mire, cuando Pablo dijo: «Mi
Dios suplirá todo lo que os

falta conforme a sus riquezas en
gloria en Cristo Jesús»; es

mediante nuestra relación con
Él.

¿Cumplirá su promesa?

¡Claro que sí!

Dios cumplirá su promesa.

Así que veamos sus atributos
por un momento.

El primero de ellos que quisiera
que veamos es muy claro.

Número 1: Dios es veraz.

Significa que Él siempre
dice la verdad.

Él es la esencia de la verdad.

Él solo dice la verdad y Él sabe
la verdad de cada cosa que haya

por saber en la vida.

Por eso, al ver ese pasaje en
Tito, que dice:

«Dios no puede mentir».

Y hay otro pasaje maravilloso en
Números capítulo 23, versículo

19, escuche, dice: «Dios no es
hombre, para que mienta, Ni hijo

de hombre para que se
arrepienta.

El dijo, ¿y no hará?

Habló, ¿y no lo ejecutará?».

La respuesta, desde luego,
es no.

Dios no habla para luego no
ejecutarlo.

Dios no puede mentir.

Él es, en esencia, la Verdad.

Jesús dijo: «Yo soy el camino,
la verdad, y la vida; nadie

viene al Padre sino por mí».

Toda la verdad se halla en Él.

Así que una de las razones por
las que podemos creer sus

promesas es porque Él solo dice
la verdad.

Y la segunda es, aunque
podríamos mencionar muchas más,

pero el segundo atributo es, por
ejemplo, su fidelidad.

Dios es fiel.

En 1 Corintios capítulo 1, el
apóstol Pablo

justo al comienzo de su
epístola,

escribe: «Fiel es
Dios, por el cual fuisteis

llamados a la comunión con su
Hijo Jesucristo nuestro Señor».

Dios es fiel, lo que significa
que es digno de confianza, Él

hará lo que dice que hará.

Y en ningún momento de nuestras
vidas Dios ha demostrado

ser infiel.

Nuestro Dios es fiel.

Ese es uno de sus atributos.

Consideremos cuántas veces
la Biblia lo dice.

Por ejemplo, regresemos a 1
Corintios, al capítulo 10, y

escuchemos lo que dice, y es un
pasaje que hemos leído muchas

veces, con gratitud a Dios
que dice: «No os ha

sobrevenido ninguna tentación».

Escuche: «que no sea humana».

Lo que significa que todos, sin
excepción, hemos sido tentados y

probados de varias formas, pero
también lo han sido

otras personas.

Así que dice: «No os ha
sobrevenido ninguna tentación

que no sea humana».

Pero vea la siguiente frase:
«pero fiel es Dios, que no os

dejará ser tentados más de lo
que podéis resistir, sino que

dará también juntamente con la
tentación la salida, para que

podáis soportar».

¿Qué quiere decir?

Que en cada prueba, cada
tentación, cada

dificultad que pasemos, contamos
con esa gran promesa de Dios.

Y es, mucha atención, esa
promesa es que Él no permitirá

que seamos probados ni tentados
por ninguna cosa, más de lo que

podamos soportar, con su ayuda,
su guía, su habilidad de

ayudarnos a superarla.

Dios no lo permitirá.

Nuestro Dios es el Dios de la
verdad, y Él es el Dios

de fidelidad.

Pero hay un tercer atributo.

Dios es inmutable.

Es decir, Él no cambia.

Y Él dice, por ejemplo, en
Malaquías 3.6, «Porque yo Jehová

no cambio».

Él no cambia de parecer.

Las cosas que suceden son
condicionales o incondicionales.

Mire, si Dios dice, si dice:
«Haré esto, si tú no haces

aquello o lo otro, o si haces
tal cosa».

¿Y qué sucede–usted viola su
voluntad o propósito

en algún aspecto?

Así que no lo hace, viste eso.

«Dios no
cumplió su palabra».

Claro que sí.

Fue una promesa condicional,
algo que usted tenía

que hacer o no.

Ese es un punto muy
importante.

Porque si no lo captamos,
diremos: «Señor, dijiste esto

y no lo hiciste».

Dios hace algunas promesas
sujetas a, mucha atención,

escuche bien,

sujetas, a condiciones que
son para nuestro bien.

Porque Él es el Dios de la
verdad.

Dios es fiel a sí mismo, así
como es fiel a nosotros.

Dios es inmutable.
Él no cambia.

Pero Dios también es amor.

En 1 Juan 4 dice que Dios es
amor.

Y una de las razones por las que
podemos confiar en Él es por su

carácter.

Usted dirá: «¿Cómo sabré si Dios
me ama o no?»

Si alguien me dice eso, le
respondo así: La cruz es la

única prueba necesaria del amor
de Dios, y si Él está dispuesto

a hacer eso por mí, no hay razón
para dudar que hará todo lo

demás, que es menos que eso.

La cruz es la expresión máxima
de su amor.

Cumplió esa promesa.

Dijo: «Iré a la cruz y moriré
por tus pecados.

Y tus pecados serán perdonados
como resultado de mi muerte

en la cruz».

¿Hizo lo que prometió hacer?
Sí.

¿Tengo motivo para dudar de Él?
No lo tengo.

Nuestro Dios es totalmente fiel;
absolutamente verdadero; nunca

cambia; y su amor es
incondicional.

Eso es parte de su carácter.

Es confiable por su naturaleza.

Alguien se preguntará: «¿Pero
puede o no?»

Así que deseo que veamos otros 3
atributos de Dios, el primero es

simplemente este: que Dios es
omnisciente.

Él sabe todas las cosas, sin
excepción.

Y bien, escuchemos lo que
declara Hebreos capítulo 4 dice,

desde el versículo 12: «Porque
la palabra de Dios es viva y

eficaz, y más cortante que toda
espada de dos filos; y penetra

hasta partir el alma y el
espíritu, las coyunturas y los

tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones

del corazón.

Y no hay cosa creada que no sea
manifiesta en su presencia;

antes bien todas las cosas están
desnudas y abiertas».

Es decir, al descubierto, «a los
ojos de aquel a quien tenemos

que dar cuenta».

Lo que significa, simplemente,
que podemos confiar en Dios

porque sabemos que tiene esa
facultad.

Ya que Él es omnisciente, todo
lo sabe, sabe todo detalle que

abarca cada decisión que
tomemos.

Él sabe los antecedentes, lo que
sucede ahora y lo que

sucederá después.

Por tanto, recordemos esto al
pensar en las promesas que Dios

nos ha hecho.

Él no promete nada al azar ni a
la ligera.

Mire, cuando Dios promete algo,
se basa ¿en qué basa

sus promesas?

En su conocimiento perfecto,
absoluto, infinito, de todo lo

que hay por saber de nosotros.

No puede equivocarse.

Nosotros erramos.

Basamos nuestras promesas en
poco conocimiento, o en cosas

falsas que escuchamos o que
creemos ciertas.

Dios basa sus decisiones en la
verdad absoluta.

Hay otro atributo y es que Dios
es omnipresente.

¿Y en qué consiste su
omnipresencia?

Bueno, conocemos el Salmo 139,
que habla de dónde está Dios y

su conocimiento.

Y no se trata solo de lo que Él
sabe acerca de nosotros, por

ejemplo, escuche lo que dice:
«Oh Jehová, tú me has examinado

y conocido.

Tú has conocido mi sentarme y mi
levantarme; Has entendido desde

lejos mis pensamientos.

Has escudriñado mi andar y mi
reposo,Y todos mis caminos te

son conocidos.

Pues aún no está la palabra en
mi lengua, Y he aquí, oh Jehová,

tú la sabes toda».

Conocimiento perfecto.

Y, mire, omnipresencia
sencillamente se refiere a que

Dios siempre está con nosotros,
pase lo que pase.

Está presente en el cumplimiento
de cada promesa que ha hecho.

¿Qué dice?

La promesa es: «No te
desampararé ni te dejaré».

«Estaré con vosotros hasta el
fin del mundo».

«Ausentes del cuerpo, y
presentes al Señor».

En la situación que sea,
Cristo está allí.

Él está presente allí, hay otra
razón para confiar en Él,

y es que Dios es omnipotente.

Tiene todo poder.

No es suficiente que Él sepa qué
hacer, sino tiene el poder de

hacerlo realidad.

Y el Salmo 103, versículo 19, lo
cito casi todas las semanas:

«Jehová estableció en los cielos
su trono, Y su reino domina

sobre todos».

Cuando se trata de las promesas
de Dios, ¿acaso hay que dudar si

Él puede llevarlas a cabo?

Claro que no.

Podemos descansar con plena

certeza, sin lugar a dudas, de
que Él cumplirá su promesa,

¿por qué?

Porque Él solo dice la verdad,
porque Dios es fiel; Él es

confiable y cumplidor–Y por no
cambiar de parecer, su amor por

nosotros es infinitivo.

Dios es totalmente omnisciente,
sabe todo acerca de nosotros.

Está con nosotros en cada
instante.

Cada segundo está allí, y tiene
todo poder para ejecutar

cualquier situación o
circunstancia que decida

llevar a cabo porque no hay nada

que pueda limitar
la omnipotencia

de Dios todopoderoso.

¿Ve cuán bendecidos somos?

De que Él sea nuestro Dios.

Pienso en todas las demás
religiones del mundo, ¿qué clase

de seguridad tienen?

¿Qué esperanza tienen realmente?

Nuestro Dios no solo es fiel y
competente, sino que siempre

está disponible para lo que sea
que necesitemos su ayuda.

Así es Dios.

Pero, hay algo más que quisiera
mencionar aquí y se trata de la

responsabilidad que tenemos
nosotros.

Y hay 3 requisitos.

Primero, debemos estar
listos a obedecerle.

Lo que sea que Él requiera de
nosotros, debemos obedecerle.

Entonces pregúntese si alguna
vez le ha pedido algo a Dios y

Él no se lo ha dado; y aunque la
Biblia dice que Él saciará todas

sus necesidades, y tiene una.

Entonces, pregúntese: ¿Acaso el
carácter de Dios le permitiría

no decir la verdad?

Claro que no.

¿Acaso es que no puede
concedérselo?

No.

Entonces hay que resolver algo
en su propia vida.

Primero: obediencia, segundo:
fe.

¿Verdaderamente está confiando
en Dios?

¿Y lo tercero tiene que ver con
qué?

Con acoger sus promesas.

Vea esto, si llevamos algo a
Dios en oración, pero tenemos

dudas al respecto, no acogeremos
sus promesas.

Y eso es evidente cuando le
pedimos que responda una

petición y, por ejemplo, vamos
manejando con esa inquietud, o

en casa, preocupados.

Pensamos en eso y decimos:
«Señor, tu prometiste tal cosa».

Entonces–y lo leemos, lo oímos,
sabemos lo que Él dice, pero

no lo acogemos en nuestra vida.

Pero cuando nos apropiamos de
las promesas de Dios, ya no nos

preocuparemos, ¿por qué?

Porque sabemos que Dios nos dice
la verdad.

Él no cambiará.

Él es el maravilloso Dios de
amor.

Él es Dios fiel.

Es omnisciente, omnipresente.
omnipotente.

¿Por qué habríamos de quejarnos?

El asunto es si le creemos o no.

¿Creo que el Dios de la Biblia
es quién dice ser?

Lo cual significa que cumple sus
promesas.

Nunca se olvida de ninguna de
ellas.

Y mire, nunca deja de
cumplirlas, ¿amén?

Y quizás usted aún no es
creyente, y al escuchar esto se

pregunta: ¿Cómo se aplica esto a
mi caso?

Preste mucha atención.

La Biblia dice: «si confesares
con tu boca que Jesús es el

Señor, y creyeres en tu corazón
que Dios le levantó de los

muertos, serás salvo».

Y lo explico–Confesar con su
boca que Jesús es el Señor

significa decir que usted cree
que Jesús es el Hijo de Dios y

el Señor de su vida.

Y al hacerlo, entrega su vida en
sus manos, por ser quien es,

por el perdón de sus pecados,
por lo que Él hizo en la cruz,

le pide perdón por sus pecados,
que le dé el don de vida eterna,

y la obra del Espíritu Santo en
usted, quien le facultará a

vivir en santidad el resto de
sus días.

Si usted le pide eso a Dios,
mire, tiene, la promesa,

escuche, tiene la promesa de la
Palabra de Dios.

66 libros de la Biblia, tiene la
promesa de que Dios hará

exactamente lo que dice.

Le perdonará, limpiará, le dará
el don de vida eterna, la

salvación eterna, su morada
celestial, y caminará a su lado

el resto de su vida.

Pero depende de que usted rinda
su vida a Cristo, confiese sus

pecados, viendo la cruz como la
paga de ellos.

Quizás esté pasando por un
momento difícil y se pregunta:

«¿Dónde está Dios?»

No es creyente.

No ha aceptado a Cristo como su
Salvador.

Permítame decirle dónde está.

Donde siempre ha estado.

Mire, sí, justo a la puerta de
su corazón…

tratando de entrar.

Y quiere que le abra su corazón
y lo deje entrar.

En ese momento, su vida
cambiará.

Puede suceder al instante en que
lo haga.

Padre, cuánto agradecemos que
seas tan perfecto, no hay falta

alguna en tu carácter, ni fallas
en tu poder, sino absoluta

perfección, santa, recta y
justa.

Que tu Espíritu Santo le hable a
todo el que escuche este mensaje

para que vea que la única forma
de vivir es mediante Cristo,

sirviendo al Padre, el Dios
admirable que hemos descrito.

Te pido que todo el que escuche
deje de pelear contigo y

reconozca que eres el Dios
verdadero.

Así te describió Jesús en su
oración en Juan capítulo 17.

Sabemos que lo eres.

Te pido, Padre, por las personas
que luchan por mantenerse a

flote, sin saber qué hacer.

Permíteles entender por lo menos
esto: Tú eres la respuesta.

Tú siempre lo has sido.

Sigues tocando la puerta y
esperando.

Y ellos pueden resolver esto.

Gracias porque la promesa de
salvarnos la has cumplido desde

que la hiciste.

La promesa de guiarnos, la has
cumplido desde que la hiciste,

y todas las demás.

Te amamos, en el nombre
de Jesús, amén.

[música]