La corrupción del privilegio – Dr. Charles Stanley

El mayor privilegio que tenemos los creyentes es conocer a Dios. El Dr. Stanley enseña las consecuencias de alejarse de Dios, y cómo aprovechar al máximo el gran privilegio que se nos ha dado con la muerte y resurrección de Jesucrist

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locutor: En Contacto
con el Dr. Charles Stanley,

alcanzamos al mundo
con el evangelio de Jesucristo

por medio de una enseñanza
bíblica sólida.

Hoy en el programa En Contacto,
«La corrupción del privilegio».

Dr. Charles Stanley: De
todas las oportunidades y

privilegios que ha tenido en la
vida, ¿cuál privilegio sobresale

de entre todo el resto?

¿Será que ha tenido la
maravillosa oportunidad, el gran

privilegio de tener una
educación que lo afirmó e hizo

posible que triunfara en la
vida?

¿Podría ser que el mayor
privilegio que considera sea el

de haber viajado, y haber podido
viajar casi sin límites, a

varias partes del mundo?

¿O podría ser que haya tenido el
privilegio de escoger una

vocación que le produce un gran
sentido de satisfacción, gozo y

realización en la vida?

Quizá el privilegio de convertir
su pasatiempo en una vocación.

O quizá sea solo el hecho de
haber sido criado por padres

devotos, y considera eso como el
mayor privilegio de su vida.

O tal vez sus abuelos
hayan tenido ese

maravilloso honor de criarle.

Así en algún momento todos quizá
podríamos ver algún privilegio y

decir: «Este sobresale del
resto».

Pero ¿cómo el privilegio
de conocer a Dios

se compara a los otros?

Conocer al Dios de la creación,
conocerlo mediante una relación

personal con Jesucristo, conocer
a ese Dios que además de

crearlo, lo ha salvado, y tiene
un propósito y plan para su

vida, que lo ama
incondicionalmente.

¿Cómo esa comprensión y ese
conocimiento se compara

con todo el resto?

Yo creo que si lo pensamos con
cuidado y precisión, diremos:

«El mayor privilegio en la
vida es conocer a Dios

por medio de su
Hijo Jesucristo».

Mucha gente piensa que
no es así.

Muchas personas ni
siquiera lo quieren.

Hay mucha gente que no
le dedicaría

ni un
solo pensamiento.

De lo que no se dan cuenta es de
esto.

La mayor tragedia en la vida es
llevar esa vida sin conocimiento

de Dios, y morir sin
conocimiento de Él y pasar la

eternidad por siempre separado
de Dios.

Alguien dirá: «Bueno, yo no creo
que sea así».

¿Sabe qué?

Su negación de la verdad no
cambia la verdad.

Y esa es una verdad que mucha
gente nunca podrá aceptar: que

la negación de la verdad nunca
cambia la verdad.

Así, cuando pienso en cuánto
Dios nos ha mostrado sobre sí

mismo, cuánto podemos conocer y,
aun así, en cuántas ocasiones

permitimos que el pecado
corrompa la verdad del

conocimiento que tenemos
de Dios.

De eso quiero hablar en este
muy, muy, muy importante

mensaje, porque Dios ha
diagramado, Él ha esbozado, ha

plasmado de manera evidente qué
pasa cuando la gente se aparta

de la verdad acerca de Él.

Quisiera que vaya, por favor, a
Romanos, capítulo 1.

Sin importar qué piense sobre la
evolución, sin importar qué

piense de la Biblia, de Dios, de
Jesús, o lo que sea–quisiera

animarle a escuchar algo, porque
quisiera mostrarle que Dios nos

ha dado en este pasaje bíblico
una imagen muy clara de lo que

pasa cuando la gente suprime,
niega, ignora, rechaza, se aleja

de la verdad que Dios nos ha
entregado acerca de sí mismo.

Escuche con atención.

Quisiera que piense en algo
ahora.

Porque Él dice en este pasaje,
acompáñeme al versículo ah, 20:

«Porque las cosas invisibles de
él, su eterno poder y deidad, se

hacen claramente visibles desde
la creación del mundo, siendo

entendidas por medio de
las cosas hechas,

de modo que no tienen excusa.

Pues habiendo conocido a Dios,
no le glorificaron como a Dios,

ni le dieron gracias, sino que
se envanecieron en sus

razonamientos, y su necio
corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se
hicieron necios, y cambiaron la

gloria del Dios incorruptible en
semejanza de imagen de hombre

corruptible, de aves, de
cuadrúpedos y de reptiles».

Bien, ¿qué nos está diciendo
este pasaje?

Solo esto: que el hombre tiene
conocimiento de Dios.

La pregunta es: ¿qué hará?

¿Aceptará el conocimiento de
Dios?

¿Reconocerá que Dios es el
Creador soberano, que necesita a

Dios debido a su pecado, y
pedirá a Dios que perdone sus

pecados con base en lo que
Jesucristo hizo en el Calvario,

o no lo hará?

Esto es lo que Dios dice que la
humanidad ha hecho.

Y permítame señalarle algo aquí.

Escuche, si me escucha diga
‘amén’.

Cada vez que un individuo, o que
una nación o pueblo o una

iglesia están dispuestos a
rendirse, dispuestos a renunciar

a su alta, y santa y exaltada
opinión de Dios, cada vez que un

individuo, una nación, una
iglesia o una institución

abandona, desiste, renuncia,
somete su alta y santa opinión

del Dios Todopoderoso, en ese
momento comienza una senda hacia

abajo que al final le llevará a
su destrucción.

Usted puede ver toda nuestra
nación.

La mayoría crecimos en una época
en la cual, aunque la gente no

fuera cristiana, creía, creía
que había un Dios.

Incluso la gente no cristiana
tenía al menos respeto

por el Dios vivo.

Creían que Él era, que Él es, y
por tanto lo respetaban

en gran medida.

Tanto así que, aunque no
necesariamente creyeran en Él

como su Dios, ponían, ponían su
nombre, inscribían su nombre, en

concreto, bronce y hierro,
en diversos edificios

por todo el país.

Lo reconocían, ponían su mano
sobre este Libro y juraban

respetar la constitución o lo
que sea a lo que los indujeran.

Así, el hombre ha tenido una
elevada y santa comprensión

de Dios.

Algo ha pasado en esta nación,
con nuestro respeto a Dios,

nuestro reconocimiento de
Él, nuestra alta

y santa opinión de Dios.

Algo ha pasado.

Y hoy, cuando hablamos de
Dios, es como

si usted fuera el enemigo.

Si habla de Dios, seguro está
enfermo.

Si habla de Dios y defiende
su creencia en Él,

es de una clase inferior
para los demás.

Quisiera mostrarle
hermano, exactamente,

Dios lo explica tan claramente.

Lo que pasa en la mente de la
gente, de los líderes de la

nación, personas de toda esfera
en la vida en nuestra nación…

Está en la Iglesia, está en las
instituciones, está en las

naciones y en la vida
de la gente.

Cuando abandona el concepto alto
y santo del Dios vivo, inicia un

duro descenso que trae
un increíble,

doloroso castigo al final.

Bien, las fases están aquí.

Mírelas.

Se las diré, y quisiera que las
anote, porque necesita hablar

con sus hijos, con sus nietos.

Necesita entenderlo usted mismo
para que cuando alguien diga

«¿Qué está pasando en el
mundo?», aquí está,

muy claro en la Palabra de Dios.

Escuche.

Hay 4 fases; la primera es la
fase de la inteligencia.

Dios se ha revelado a la
humanidad en la creación

y en su conciencia.

Así que Dios dio al hombre
bastante conocimiento.

La historia humana comenzó
cuando el hombre conoció a Dios.

Así empezó la historia.

La historia de la humanidad
comenzó cuando el hombre

conoce a Dios.

Luego se apartó de la verdad y
rechazó a Dios.

Segunda fase.

La segunda fase es la
ignorancia.

Cuando una persona se mueve de
la fase de inteligencia, de

saber que hay un Dios, de desear
conocer a ese Dios, se mueve a

la fase de la ignorancia.

¿Cómo llega ahí?
Vea este versículo.

No le diré lo que pienso; le
diré lo que Dios dice.

Versículo 21: «Pues habiendo
conocido a Dios–inteligencia,

no le glorificaron como a Dios,
ni le dieron gracias [a Dios]

sino que se envanecieron [se
volvieron vacíos]

en sus razonamientos, y su
necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se
hicieron necios».

Ahora piense bien lo que dice:
cuando una persona detiene

la verdad, ¿qué pasa?

Al detener la verdad, ya no
honra a Dios.

«No quiere glorificarlo».

Por lo tanto, se vuelve muy
desagradecida, porque al no

glorificar a Dios, se vuelve
desagradecido.

Luego ¿qué pasa?

Bueno, cuando elige no creer en
Dios, si usted decide, decide

detener la verdad de Dios.

¿Qué le pasa?

Luego, luego de pronto hay, hay
un vacío.

Inutilidad, vacío.

Y ¿qué pasa?

Dice: «Su corazón se fue
entenebreciendo».

Y ¿qué dijo Jesucristo en Juan,
capítulo 3?

El hombre ama la oscuridad más
que la luz, porque sus obras

son malas, porque se niega a
reconocer la realidad y la

verdad sobre Dios Todopoderoso.

Así que tiene un corazón que una
vez fue inteligente, que creía

que hay un Dios, pero elige
suprimir esa verdad y ahora

ha ido de la inteligencia a la
deshonra de Dios, a la

ingratitud hacia Dios, a la
banalidad de mente y

pensamiento, tratando de hallar
algo que llene ese lugar vacío,

y por eso se entenebrece su
mente.

Cuando lee la Biblia, la Biblia
habla de oscuridad, por lo

general como símbolo de algo
malo, a menos que hable

del día y la noche.

Los hombres prefieren la
oscuridad a la luz, la luz,

porque sus obras son malas.

Cuando suprimen la verdad,
empiezan de la inteligencia y

descienden hacia la ignorancia.

Ya no reconocen la
verdad porque, escuche,

han elegido negar la verdad.

Y ahora intentan, intentan
decir: «Esto es verdad, y

aquello también».

Pero ¿sabe qué es interesante?

Esos errores y esas mentiras no
satisfacen al corazón humano.

Así que el hombre cae cada vez
más abajo.

Hay un paso muy corto entre la
idolatría y la inmoralidad, un

paso muy corto; porque la fase
número 1 es la inteligencia.

La fase número 2 es ignorancia.

La fase número 3 es la
indulgencia.

Escuche lo que él dice,
empezando en el versículo 24:

«Por lo cual también Dios los
entregó a la inmundicia, en las

concupiscencias de sus
corazones, de modo que

deshonraron entre sí sus propios
cuerpos, ya que cambiaron la

verdad de Dios por la mentira
[escuche, ellos deliberada e

intencionalmente suprimieron la
verdad, decidieron creer la

mentira; y dice que cambiaron la
verdad de Dios por una mentira]

honrando y dando culto a las
criaturas antes que al Creador,

el cual es bendito por los
siglos.

Amén.

Por esto Dios los entregó a
pasiones vergonzosas; pues aun

sus mujeres cambiaron el uso
natural por el que es contra

naturaleza [mujeres con mujeres]

y de igual modo también los
hombres, dejando el uso natural

de la mujer, se encendieron en
su lascivia unos con otros,

cometiendo hechos vergonzosos
hombres con hombres, y

recibiendo en sí mismos la
retribución debida

a su extravío».

Hermano, es imposible, es
imposible ir de la inteligencia

a negar a Dios, a negar su
legítimo lugar en su vida, y

seguir siendo ignorante.

A fin de cuentas, habrá
indulgencia.

Esta indulgencia es el intento
del hombre de llenar ese gran,

enorme vacío espiritual y
emocional que hay en su vida, y

donde Dios mismo desea residir.

Usted puede participar en toda
forma de pecado sexual, o

cualquier otro tipo de pecado, y
lo único que hará es ir un paso

más abajo, abajo, abajo y abajo
en su búsqueda y hambre, y sed y

deseo anhelante de llenar
esa gran oscuridad

vacía de su corazón.

Y al llegar al fondo y haber
probado toda cosa terrenal que

el hombre pueda hacer en su
naturaleza bestial y cualquier

otra naturaleza, encontrará el
mismo horrible vacío, vano,

soledad, insatisfacción,
desesperanza e impotencia,

porque eso hay siempre al fondo
de la máxima indulgencia.

¿Cómo llega una persona ahí?

Llega por elección.

Alguien dice: «Eso no es
parte de mi vida, así que,

debo estar bien».

No lo está.

Hasta que Jesucristo sea su
Salvador, y Dios esté en su

vida, va hacia abajo.

Quisiera que note que él dice 2
veces lo mismo.

Vea de nuevo, por favor, el
versículo 24.

«Por lo cual también Dios los
entregó».

Vea de nuevo el versículo 26.

«Por esta razón Dios los entregó
a pasiones vergonzosas».

Ahora regresemos al versículo
18 un momento.

Dice: «Porque la ira de Dios se
revela desde el cielo contra

toda impiedad e injusticia de
los hombres que detienen con

injusticia la verdad».

Ahí es donde dice, dice: «Porque
el castigo de Dios se dirige a

toda impiedad e injusticia de
los hombres que detienen la

verdad con el pecado y la
injusticia».

Al pensar en la ira de Dios,
solemos pensar en algo así como

en los cielos abiertos por
alguna tormenta del fuego de

Dios y su juicio sobre el mundo.

¿Sabe cuál es una de las formas
de la ira de Dios?

Es mucho más sutil que eso.

Una de las formas de la ira de
Dios es que cuando Dios ve que

una persona suprimió la verdad,
negó la verdad, rechazó la

verdad, se apartó de la verdad,
ha elegido dejar de dar honra a

Dios, ha decidido que nunca más
expresará su gratitud hacia Dios

y permite que su corazón
esté vacío porque

no quiere nada con Dios.

Y luego permite que se
oscurezcan su mente, su corazón,

y su espíritu, y elige
desobedecer a Dios deliberada e

intencionalmente, deshonrándolo,
negando su misma presencia.

Dios dice: «La entregaré del
todo a eso».

Dígame algo peor en esta Tierra
que estar vivo y hacer que Dios

lo entregue a usted totalmente a
aquello que adora más que a Él.

Lo entrega a ello.

Eso es ira; pero es una ira que
el hombre se busca, porque niega

la presencia de un Dios santo.

Y hermano, toda la negación del
mundo y todo el rechazo del

mundo y todos los argumentos del
mundo no cambiarán el hecho de

que Jehová es Dios.

Y Jesucristo su Hijo.

Dios nos creó para
servirle, amarlo, obedecerlo,

y para darle gloria.

Y rehusarse a ello, resistirse,
suprimirlo y elegir una vida de

pecado, oscuridad y
desobediencia, es ir de la

inteligencia a la ignorancia, de
la ignorancia a la indulgencia

y, al final, de la indulgencia a
un corazón impenitente.

¿A qué nos referimos?

Mire, por favor, lo que dice.

Versículo 27: «Y de igual modo
también los hombres, dejando el

uso natural de la mujer, se
encendieron en su lascivia unos

con otros, cometiendo hechos
vergonzosos hombres con hombres,

y recibiendo en sí mismos
la retribución

debida a su extravío.

Y como ellos no aprobaron tener
en cuenta a Dios, Dios los

entregó a una mente reprobada,
para hacer cosas

que no convienen».

¿Qué es una mente reprobada?

Una mente que se ha oscurecido
tanto, que detuvo la verdad

tanto tiempo, que no puede
emitir juicios correctos.

Por eso vemos cosas grotescas,
perversas, viles, pecaminosas,

malvadas, cosas inimaginables
sucediendo en nuestra sociedad

porque quienes participan en
ellas han perdido la capacidad

de emitir juicios correctos.

Y así de lejos llevará el pecado
a una persona.

Cuando empieza a detener la
verdad de la justicia

en su vida, él dice esto.

Bien, versículo 29.

Escuche esto, escuche, no puede,
no puede tener solo un problema

en particular en la vida.

Una vez que detiene la verdad de
Dios, toda clase de pecados

entran en su vida, de los que él
menciona 24 distintos.

No significa que alguien sea
culpable de todos, pero sí

algunos, escuche, versículo 29:
«Estando atestados de toda

injusticia, fornicación,
perversidad, avaricia, maldad;

llenos de envidia, homicidios,
contiendas, engaños y

malignidades; murmuradores,
detractores, aborrecedores de

Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males,

desobedientes a los padres,
necios, desleales, sin afecto

natural, implacables,
sin misericordia;

Y entonces así de
lejos lo llevará.

«quienes habiendo entendido
el juicio de Dios

[saben que hacen mal]
que los que [adoran, los que]

practican tales cosas son
dignos de muerte–Escuche.

Mucha gente en nuestra sociedad
no quisiera oír ese versículo.

Dignos de muerte.

«no sólo las hacen, sino que
también se complacen

con los que las practican».

No sé cómo decírselo de una
manera más amorosa que esta,

porque yo no juzgo a nadie.

No es asunto mío.

Solo quiero decirle con todo mi
corazón, porque me importa.

No importa en lo que esté
metido, o lo que sea que esté

adorando en la vida, lo último
que usted desearía que pasara es

morir sin conocer al único y
verdadero Dios vivo por medio de

su Hijo, Jesucristo, quien fue a
la cruz del Calvario.

Y Dios Padre puso todo nuestro
pecado, toda nuestra maldad,

toda nuestra vileza, todas las
cosas mencionadas en este pasaje

sobre Él, y Jesucristo
experimentó la separación del

Padre, porque así de malos,
viles, perversos e impíos

son nuestros pecados.

Y Dios no podía mirarlos; Él se
separó en sacrificio de su

propio Hijo, y lo dejó morir en
la cruz debido a lo malo, vil y

horrible de nuestros pecados,
con el fin de que usted y yo

pudiéramos ser salvados de la
muerte eterna.

Ese es el amor de Dios por
usted, no importa quién sea, en

qué ande, de qué dependa,
qué esté adorando,

o a quién le sirva en la vida.

Éste no es un mensaje de
condenación; es un mensaje de,

escuche, es un mensaje de
advertencia amorosa y usted no

querrá morir sin Cristo.

Y esto es lo que Dios dice.

Dice que así es de sencillo,
pero así de trágico.

Inteligencia: usted sabe que
hay un Dios.

Ignorancia: detiene la
verdad y la desecha,

deja que su corazón oscurezca.

Luego se vuelve indulgente y
defiende lo que hace.

Después se vuelve impenitente, y
tiene una mente reprobada.

Escuche bien.

Cuando alguien, escuche bien,
cuando alguien puede pecar,

pecar, pecar y pecar, y
pareciera no tener consciencia,

puede defenderlo, puede reírse,
hacer chistes, puede querer

ocultarlo y seguir haciéndolo,
esa persona quizá ha llegado al

nivel de una mente depravada.

Y luego usted se pregunta por
qué no cambia.

Una vez que la mente de alguien
se vuelve depravada y que Dios

la entrega a la
perversidad, se acabó.

Cuando excluye a Dios, cuando se
rehúsa a escuchar, e ignora por

completo, rechaza,
categóricamente niega la

presencia de Dios, y Dios la
entrega a eso, todo se acabó.

Qué pensamiento tan trágico
vivir su vida sin Él y perderse

el sentido de la, de la vida.

No puedo animarlo lo
suficiente a que medite

lo que dice este mensaje.

Y le pida a Dios que le muestre
su situación.

Usted sabe que hay un Dios.

¿Ha elegido rechazar esa verdad?

¿Ha, ha decidido tan solo
entregarse a cada cosa perversa

y vil a fin de satisfacer algo
en usted?

Permítame preguntarle.

¿No es extraño que quienes hacen
eso, cuando lee sobre sus vidas,

no tienen nada de paz, gozo,
contentamiento, satisfacción,

confianza y certeza de una vida
después de esta?

Usted no los oye hablar sobre
adorar al Padre.

No los oye hablar del Señor
Jesucristo.

¿Sabe por qué?

Porque han apartado todos esos
pensamientos santos de ellos.

Se han vuelto dioses para sí
mismos, y aunque, aunque puedan

ser de los ídolos de este país,
se han vuelto dioses para sí

mismos, y morirán en su
idolatría y quedarán separados

eternamente de Dios.

Joven, tenga cuidado de quiénes
son sus ídolos.

Solo uno es legítimo, y
ese es Dios.

Solo Dios lo es.

Solo Dios es legítimo.

Quisiera que sepa que no lo
condenamos.

Tratamos de amarlo, de llevarlo
de la oscuridad a la luz,

decirle que tiene una
oportunidad de ser salvo

por la gracia de Dios.

El, escuche, el hecho de que
haya escuchado esto dice que hay

esperanza para usted.

El hecho de que se haya
interesado en oír una charla

sobre Dios, dice que si la hay,
hay esperanza para usted.

Dice: «¿Y si cometí el pecado
imperdonable»?

Si dice que lo cometió, bien eso
no es posible.

Lo último que tendría es interés
en escuchar a un predicador

hablándole de Jesucristo, de
la Biblia, de la creación,

y de esperanza en la eternidad.

Sí hay esperanza.

Dice: «¿Qué debo hacer?»

Si quiere, pídale al Señor
Jesucristo que le perdone sus

pecados, porque Él fue a la cruz
a morir por ellos.

Pídale a Dios que cambie su
vida, que la transforme,

que lo necesita.

Si le dice con sencillez:
«Padre, por fe te pido que

perdones mis pecados.

Te pido que entres en mi vida
para rescatarme, para salvarme.

Te entrego mi vida hoy».

Si está dispuesto a decirle eso,
Él lo perdonará así de rápido;

Él comenzará de inmediato su
rescate, tendrá lugar justo

ahora y Dios lo sacará del
estilo de vida que ha vivido, lo

hará libre, lo hará un
hijo de Dios.

Esa es mi oración.

Es nuestra esperanza.

De eso es que se trata el
evangelio.

Es sobre liberación, rescate,
esperanza, ayuda, perdón,

limpieza y para darle a usted un
nuevo inicio en la vida.

Padre, cuan agradecidos estamos.

No tenemos que preguntarnos si
querrás salvar a alguien o no.

Tampoco hemos de preguntarnos si
alguien puede clamar a ti por

esperanza, ayuda y perdón y tú
lo rechazarás,

pues dijiste que no lo harás.

Quiero entonces orar para que
cada persona que oiga este

mensaje ya sea ahora o años más
tarde, que cada persona presente

que nunca ha creído en Cristo
como su Salvador, se detenga

donde esté y diga esta sencilla
oración.

Que esa pizca de conocimiento de
ti pueda ser más grande, y que

pueda creer en Jesucristo, tu
Hijo, y confiar en que Él le

perdonará, confiar en que
le salvarás,

pues te lo pedimos en el
nombre de Cristo, amén.

[música]