La atractiva cualidad de la benignidad – Dr. Charles Stanley

En este mensaje, el Dr. Stanley profundiza en cuanto a la naturaleza irresistible de la bondad o benignidad —cómo nos demuestra Dios dicha cualidad y cómo debemos imitarlo al relacionarnos con otros. Para más mensajes de Charles Stanley, incluyendo la transmisión de esta semana, visite www.encontacto.org/vea

Dr. Stanley: ¿Se considera
usted una persona bondadosa?

Piénselo un momento,
¿es una persona amable?

Es amigable, es generoso,
es paciente, es llevadero.

Es cariñoso, considerado,
y su compañía es agradable.

Usted pensará: «No soy así,
pero quisiera conocer

a alguien así».

Pero pensemos en esto:
Una persona amable resalta

en un grupo.

Quizás no sea quien más hable,
pero alguien amable tiene algo,

como un atractivo inherente,
que está allí.

Cuando alguien es bondadoso,
no solo lo muestra en su rostro,

sino sobre todo en sus acciones.

Y cuando pienso en eso, y en sus
características, es muy evidente

que viene del Espíritu Santo
porque Pablo dice en Gálatas 5:

«Mas el fruto del Espíritu es
amor, gozo, paz, paciencia».

Hemos hablado de todos esos,
y luego: benignidad.

Bondad y mansedumbre son otras
2 cualidades, pero las dejaré

con benignidad, porque si
alguien es manso, será amable.

Si es bondadoso, será amable.

Así que en vez de tomar otro
mensaje para cada una de esas,

deseo hablar de la benignidad,
la bondad y la mansedumbre.

Entonces,
al pensar en la benignidad,

¿qué le viene a la mente?

¿Se considera una persona
bondadosa?

Puede que sí o puede que no,
pero Pablo también dice en

uno de mis versículos favoritos
sobre la benignidad, y está en

Efesios 4, versículo 32, dice:
«Antes sed benignos unos

con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros,

como Dios también os perdonó».

«Sed benignos unos con otros».

Luego dice Pablo en
Colosenses 3: «Vestíos,

pues de benignidad», O sea,
nuestra responsabilidad como

hijos de Dios es ser amables.

Tenemos al Espíritu Santo
quien es la fuente

de nuestra benignidad.

Así que el fluir natural
en nuestra vida para quienes

nos rodean debe ser esa bondad,
y todas esas características

que mencionamos: amigable,
generoso, paciente, llevadero,

considerado, cariñoso.

Pregúntese:
¿Sería eso cierto de mí?

¿Lo verían sus hijos
como alguien amable?

¿Su esposo o esposa
le ve como alguien amable?

Quizás digan: «Bueno,
muchas cualidades pero la

amabilidad no es una de ellas».

La benignidad es una cualidad
muy propia de Cristo.

Y no se habla mucho al respecto,
pero Pablo dice que es fruto

del Espíritu.

O sea, cuando el Espíritu Santo
es libre para vivir en nosotros

el fruto que Dios quiere
que viva, benignidad será

uno de ellos.

Seremos considerados con otros,
pondremos nuestra mente

en ellos.

Cuando pienso en eso, recuerdo
la primera lección que aprendí

de amabilidad, no fue muy buena.

Mi mamá iba a la ciudad una
tarde cuando yo tenía quizás

unos 8 o 7 años, o algo así,
y no me dejaba ir con ella,

lo cual no me agradó.

Así que le dije algo, ella iba
saliendo, bajó las escaleras,

yo estaba en el balcón,
y le dije algo que

no fue muy cortés.

Me avergoncé al decirlo, y sabía
que no debí a haberlo dicho.

Yo quería ir, pero ella no me
dejaba, y esto fue lo que hizo.

Se volteó y dijo:
«Charles, la Biblia dice:

‘Sed benignos unos con otros'».

Nunca lo olvidé porque
me llegó directo al corazón.

Nunca olvidaré el sonido de su
voz: «Charles, la Biblia dice:

‘Sed benignos unos con otros'».

Benignidad es una cualidad
natural, normal de un creyente,

en especial quien esté viviendo
en el Espíritu de Dios.

Entonces pregúntese:
¿Sería eso cierto de mí?

Si lo pensamos, la amabilidad
es un atractivo inherente para

un hijo de Dios porque Cristo
es nuestra vida, quien da vida

su benignidad dentro
y mediante nosotros.

Por tanto, una persona amable
no solo hace ciertas cosas,

sino de manera automática hay
algo dentro de ellos que siempre

es sensible a quienes necesitan
benignidad, o que de algún modo

pueda mostrarle amabilidad.

Tal vez la exprese de forma
verbal, o puede tratarse

de alguna acción, pero la
benignidad es una cualidad

natural de un hijo de Dios.

«Antes sed benignos
unos con otros,

misericordiosos», dice,
«perdonándoos unos a otros,

como Dios también os perdonó».

Sin duda Cristo fue benigno
en su época.

Alguien dirá: «¿Por qué
cree que es tan amable?».

Le daré una razón.

Bartimeo, un ciego que era
mendigo, cuando lo llevaron

a Jesucristo, Él no le preguntó:
«¿Qué te sucedió?».

Ni: «¿Por qué estás sentado
en la carretera?

¿Por qué estás mendigando?

¿Por qué no?»
No, le dijo: «Bartimeo,

¿qué quieres que haga por ti?»
Y contestó:

«Señor, que reciba la vista».

Y le dio la vista.

Pero la amabilidad es
una cualidad que debe ser cierta

de cada uno de nosotros.

Si lo pensamos,
no hay razón para no ser amable.

El fruto del Espíritu, es decir
que debido a que el Espíritu

Santo mora en nosotros tenemos
la facultad de ser amables con

los demás, pese a lo que sea.

Si lo piensa por un momento,
escuche lo que dice

en Tito capítulo 3, porque
nuestra salvación es un acto

de la bondad de Dios.

Leamos desde el versículo 4:
«Pero cuando se manifestó la

bondad de Dios nuestro Salvador,
y su amor para con los hombres,

nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubiéramos

hecho, sino por su misericordia,
por el lavamiento de la

regeneración y por la renovación
en el Espíritu Santo,

el cual derramó en nosotros
abundantemente por Jesucristo

nuestro Salvador».

Esta es una de las expresiones
del Espíritu Santo

en nuestra vida es ser amables.

Así que si alguien dice: «¿Está
lleno del Espíritu Santo?».

y dice «sí», tienen derecho
a esperar que sea amable.

no significa ser amable
en cada ocasión sin excepción,

como un osito de peluche.

No.

La amabilidad también es fuerte,
porque reacciona

con bondad incluso
en situaciones difíciles.

Entonces pregúntese:
¿Sería considerado amable?

Y luego, por ejemplo,
en Romanos,

veamos el capítulo 2,
y el versículo 4.

Dice, respecto a la benignidad,
en el capítulo 2, versículo 4,

dice: «¿O menosprecias
las riquezas de su benignidad?».

O sea, las riquezas
de la benignidad de Dios,

lo que significa que Él es
muy bueno con nosotros.

Piense en esto,
Dios es amable con los malvados.

Podría matarlos al instante
si quisiera.

Dios siempre es bueno.

Él es amable, fuerte,
deliberado, santo, justo,

pero también es benigno.

Y la verdad es que nadie sería
salvo si Dios no fuera amable.

Es bueno, considerado,
todas esas cualidades.

¿O menosprecias las riquezas
de su benignidad,

paciencia y longanimidad,
ignorando que su benignidad

te guía al arrepentimiento?».

O sea, nos arrepentimos de
nuestros pecados por la bondad

de Dios, benignidad, amor,
perdón, y todo lo demás,

todos los frutos del Espíritu.

Entonces, ¿se considera
una persona amable?

Si vive con alguien descortés,
vive con una carga.

Vive con alguien que le
maltrata, que le dice cosas

feas, hace todo lo que haría la
descortesía, eso es muy difícil.

Y qué es más difícil
que seguir siendo amable en la

circunstancia en la cual no se
ve benignidad por ningún lado,

es muy difícil.

Le diré algo más: Dios
recompensa nuestra amabilidad.

Recompensa nuestra benignidad.

Y mientras más difícil sea
la situación, si somos amables,

Dios recompensará
nuestra bondad.

He visto eso suceder
una y otra vez, vez tras vez.

Entonces alguien dirá:
«Bueno, ¿qué de la gente

que lo trata mal a uno
y dice cosas terribles de uno?

Uno tiene que defenderse».

No necesariamente.

Le diré algo más,
un acto de amabilidad

a veces es la defensa más fuerte
que podemos tener.

Cuando alguien le da un buen
regaño y uno se queda allí

tranquilo, lo que he descubierto
es esto: no saben qué hacer

con la amabilidad.

Recuerdo en una oportunidad
me sucedió eso.

Alguien me las cantó y me acusó
de algo que era absurdo,

sabía lo absurdo que era.

Así que me quedé allí y dije:
«Mm-hmm.

Mm-hmm.

Mm-hmm».

Luego, cuando terminaron,
pregunté: «¿Hay algo más?».

Allí cayeron.

O sea, no se pelea
con la bondad.

¿Cómo se pelea
con la amabilidad?

No se puede.

Es un elemento conquistador
de carácter, cuando alguien

es muy descortés con uno.

La benignidad no es excusa
para dejar que la gente haga

lo que sea.

Es una cualidad firme, vibrante,
conforme a Dios, ser amable,

y no hay excusa para no serlo.

Pensemos pues en algunas
muestras de bondad que Dios

ha expresado hacia nosotros.

Bien, la primera es Dios nos
perdona de nuestro pecado.

Ni uno solo de nosotros podría
hacer alarde de algo que haya

hecho para ganar su redención.

Así que Dios nos perdona.

Su segunda manera
de expresar bondad es que suple

nuestras necesidades.

Considere con qué frecuencia
ha necesitado algo en la vida,

lo que sea.

Ya se algo emocional, físico
o material, y ¿qué sucede?

Dios en su misericordia,
benignidad, bondad, ¿qué hace?

Suple nuestra necesidad.

Porque así es Él.

Provee para nuestra salvación,
nuestras necesidades.

También nos protege en tiempos
de peligro.

¿Cuántas veces hemos pasado por
situaciones en las que Dios nos

ha alcanzado para protegernos,
o a nuestros hijos, a quien sea,

en momentos de gran necesidad.

Y pensemos en esto, ni siquiera
nos damos cuenta de con qué

frecuencia Dios ha sido
bondadoso con nosotros.

No sabemos quién trama
algo en contra nuestra.

En su empleo, por ejemplo,
para quitarle el cargo,

o el caso que sea.

O en su hogar, o lo que sea.

Sin embargo, Dios es bueno
y a menudo nos manda

una señal de alerta, como sea.

Y también pensemos en esto: Cada
oración contestada es un acto

de benignidad de parte de Dios.

Nadie diría: «Señor,
quiero que contestes mi oración

porque hice esto y aquello.

Quiero que contestes mi oración
porque me merezco esto».

Nadie podría jactarse de eso.

Dios contesta nuestras oraciones
por su mera bondad.

¿Qué hemos hecho,
y lo suficiente, para merecer

la bondad de Dios?

Nada, no importa lo que hagamos.

Si lo pensamos, Dios nos alcanzó
cuando vivíamos en pecado,

y nos perdonó
de nuestros pecados,

escribió nuestro nombre
en el Libro de la vida, nos dio

el don de la vida eterna,
que nadie puede quitarnos.

¡Mire qué regalo de bondad!

Eso es bondad maravillosa.

Recuerde que nos salvó
consciente de que no siempre

lo obedeceríamos; consciente
de que a veces nos saldríamos de

su voluntad; consciente de que
a veces no seríamos consagrados,

que a veces seríamos egoístas,
a veces orgullosos, arrogantes,

que a veces no seríamos aptos
para convivir.

¿Y qué hizo?

Nos salvó y, preste atención,
no solo nos salvó; sino que

nos alcanzó para tocarnos
con su mano amorosa, divina,

sobrenatural y maravillosa,
para guardarnos hasta el último

momento de nuestra vida cuando
nos llame a su presencia.

Esa es su extraordinaria bondad,
así es Dios.

Asimismo,
veamos sus promesas cumplidas.

Cada promesa que Dios ha hecho
a sus hijos cumplirá cada una

sin excepción.

Una vez que tenemos el don de
vida eterna, esa es una promesa

que Dios siempre cumplirá,
no importa lo que hagamos.

Pero pagaremos la penalidad de
la desobediencia aunque seamos

hijos de Dios.

O sea, cuando Dios hace
una promesa, la cumplirá.

Ahora, quizás en la situación
en que esté, piense: «Si Dios

cumpliera sus promesas,
no dejaría que

yo pasara por esto».

Tal vez haya dado un paso
fuera de su voluntad.

¿Y qué está haciendo Dios?

Cumple su promesa.

«¿Cómo puede cumplir su promesa
y hacerme sufrir así?».

Porque hizo una promesa:
prometió reprendernos por amor,

si lo desobedecemos.

¿Qué hace?

Cumple su promesa.

No hay un lugar en la vida donde
Dios no cumpla su promesa.

Y la gente pasa por grandes
adversidades en la vida,

a menudo por no haber
guardado su Palabra,

no haberlo obedecido,
¿y qué hace Dios?

Hace esto:
«cosechamos lo que sembramos,

más de lo que sembramos,
después de sembrarlo».

Quizás alguien diga:
«¿Qué de una promesa?».

Pues esa es una promesa.

Si está sembrando una semilla
maravillosa, le encanta eso,

¿cierto?

Si desobedece a Dios,
no le encanta.

Pero es solo Dios cumpliendo
su promesa.

Es Dios siendo bueno.

Si no lo hiciera, nunca
supiéramos dónde estamos con Él.

Dios es bueno, sin importar qué.

«El alma que pecare,
esa morirá».

Es un aviso divino maravilloso,
pero es un aviso.

No es un aviso porque Dios odie,
sino porque nos ama.

Dios es bueno con nosotros.

Quiere decirnos de antemano
lo que sucederá si no nos

arrepentimos de nuestro pecado.

Nunca podemos acusar a Dios
de ser despiadado en nada,

en verdad no.

De vez en cuando alguien dice:
«Pues si Dios fuera bueno, nunca

dejaría que me pasara esto».

¡Todos tenemos algo así!

Pero la verdad es que Dios
cumple su Palabra.

Le pregunto: ¿querría a un dios,
si pudiera, querría un dios

que hiciera lo que dijera,
casi siempre, a veces,

pero de vez en cuando no?

¿Querría esa clase de dios?

No.

Queremos a Dios quien siempre
es fiel porque Él es veraz.

Ahora, quizás no entre
en nuestra categoría de bondad,

quizás todos tengamos
nuestra categoría de bondad.

Y luego tenemos una categoría
de la bondad de Dios,

que siempre es genuina.

Pero Dios es bueno siempre.

Cuando nos ocasionamos
dificultad es por haber

desobedecido al gran dador
de bondad, quien quiere

lo mejor para nosotros.

Claro, Dios se involucra de
forma personal en nuestra vida.

Piense en esto, no solo Dios nos
salvó, sino que nos envió al

Espíritu Santo para involucrarse
de manera personal

en cada aspecto de nuestra vida.

Se trata de un don
de benignidad.

Mucha atención, Dios está allí
sea que le obedezcamos o no.

Dios quiere expresar bondad,
le encanta mostrarnos su bondad.

Ahora bien, ¿qué cree que
pasaría si desobedece a Dios?

Y todos lo hemos hecho,
si desobedece a Dios y dice:

«Nadie es perfecto.

Olvidémonos de eso».

¿Sabe lo que haría?

Le despojaría de su fe en Dios,
porque nunca sabría con

precisión dónde está si Dios
le dejara salirse

con la suya con algo.

Pero la benignidad implica
veracidad, también disciplina,

e instrucción, implica amor,
mansedumbre, amabilidad,

y muchas cosas más.

Así que todo esto es parte
de ello, y también, la promesa

de su presencia con nosotros.

Escuche esto: «No te
desampararé, ni te dejaré»;

¿Acaso no es eso bondad?

Ahora, una cosa es que alguien
más diga eso, pero que Dios

le diga: «No te desampararé,
ni te dejaré»; y punto.

No dijo: «excepto, si ni pero,
cuando, excepto quien».

No: «No te desampararé,
ni te dejaré»; la bondad de Dios

es indescriptible.

Pero también es palpable,
es agradable, es verdadera en

nuestra vida, la bondad de Dios.

Así que solo diría que nuestro
estilo de vida debería ser

una expresión de la misericordia
de Dios.

Ahora, le daré varios pasajes
para que los apunte.

Proverbios 19.22 dice:
«Contentamiento es a los hombres

hacer misericordia».

Eso es Proverbios.
¿Qué dice?

¿Qué es contentamiento
a los hombres?

La misericordia.

¿Qué dice el mundo?

Musculoso, fuerte, apuesto,
rico, encantador,

y todo lo que tiene el mundo.

La Biblia dice que lo deseable
en una persona es la bondad.

Escuche, Proverbios 3.3: «Nunca
se aparten de ti la misericordia

y la verdad; Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de

tu corazón; O sea, mantenerlas
cerca en nuestra mente

y en nuestras acciones.

Escuche esto: «Nunca se aparten
de ti la misericordia y

la verdad; Átalas a tu cuello,»
no a su tobillo,

no a su rodilla.

¿Por qué las ata a su cuello?

Para tenerlas
lo más cerca posible.

Es decir, que sea lo primero.

Átelas a su cuello, escríbalas
en la tabla de su corazón.

O sea, no basta con saber
de misericordia,

escríbala en su corazón;
debe ser parte de su ser.

Manténgala cerca en pensamiento
y en acción.

Zacarías 7.9 dice:
«haced misericordia y piedad

cada cual con su hermano»;
O sea, practicarla.

Me alegra que haya dicho
«haced», porque a veces

hay que poner en práctica
la misericordia.

A veces puede que pase momentos
muy difíciles con su esposo

o esposa, con sus hijos,
en lo que sea,

y no ha sido muy amable.

Está allí sentado y piensa:
«¿Qué le habló de mí?».

Nadie.

Todo el mundo pasa por momentos
en su vida en los que

no es amable.

Pero, ¿cuál es
nuestra responsabilidad?

Mire, la Biblia
no comete errores.

No solo dijo «ser» amables,
sino «practicarlo».

¿No diría que en su hogar,
quizás a veces,

ha tenido que practicarlo?

«Haced misericordia»,
porque no viene con facilidad.

Luego en 1 Pedro 2.3, dice:
«si es que habéis gustado

la benignidad del Señor».

Que solo significa
experimentarla.

¿Experimenta usted
la benignidad de Dios?

¿La siente?

Ahora, ya que sus lectores
habían gustado o experimentado

la bondad y la gracia de Dios,
Pedro quiere dejar en claro que

debemos darnos cuenta de que
debe ser parte de nuestra vida.

Si alguien ha de desear
cualquier cualidad en la vida,

la amabilidad ocuparía
uno de los primeros lugares.

Ahora, si no es amable,
permítame decirle cómo debería

sentirse, con mucha convicción,
avergonzado de sí mismo.

Debería sentir que debe ir
a casa y confesarle a su familia

que no ha sido la clase
de padre, o hijo, o hija,

o madre que debe ser.

Y que le pide a Dios
que le perdone,

y a ellos que le perdonen.

Que con su ayuda,
quiere comenzar a ser la clase

de esposo, padre, esposa, hija,
hermana, quien sea, quiere

comenzar a ser la clase de
persona que Dios creó que fuera.

Ahora, dirá:
«Eso no es necesario».

Sí lo es, pero requiere que sea
un verdadero hombre

para hacerlo, una mujer
de verdad para hacerlo.

Decir: «No he sido amable
contigo», en especial

si le han maltratado.

Decir: «Solo quiero que sepas
que no he sido tan amable

contigo como debería
y quiero serlo.

«Si me ayudas,
quiero ser amable».

La amabilidad cambia
a su familia.

Puede cambiar su lugar
de trabajo.

Puede cambiar sus amistades.

Puede cambiar a la gente
a su alrededor.

La bondad es un don de Dios,
provisto por el Espíritu Santo,

y somos los medios mediante
los cuales Dios Todopoderoso

habla misericordia con quienes
vivimos, amigos, extraños, donde

quiera que sea: amabilidad.

Ahora, algo que no puede decir:
«No sé ser amable».

Claro que sí.

Solo haga lo bueno a los ojos
de Dios.

Cambiará a su familia.

Mire, solo se necesita
una persona para cambiar

a toda una familia.

Cambiará el ambiente
donde trabaja.

No sabrán lo que sucedió.

Cambiará el entorno.

Cambiará la atmósfera
a la hora de la cena.

Cambiará toda la conmoción de la
mañana, cuando todos se alistan

para ir en 10 rumbos distintos,
y usted prepara el desayuno.

La amabilidad lo cambia todo.

Ahora, si no ha aceptado
a Cristo como su Salvador,

eso no funcionará.

Porque Él da el don de su bondad
a quienes son sus hijos,

quienes lo han aceptado.

Así que le animo a pedirle
al Señor Jesucristo que perdone

su pecado, su falta de bondad,
todo lo que ha dicho y hecho que

ha herido a quienes le rodean,
ya sea en su hogar,

donde trabaja, donde juega.

Pídale a Dios que cambie su vida
de modo tal que al verle sepan

que algo ha sucedido en su vida.

No es la misma persona porque
Dios ahora expresa su bondad

a través de usted.

Padre, te amamos, te alabamos,
y te damos las gracias por

tu bondad que nunca podríamos
comprender del todo.

Al ver la cruz,
vemos el ejemplo más poderoso,

inolvidable, eterno de bondad.

Aun sin merecerlo,
nos amaste de todos modos.

Te pido que el Espíritu Santo le
hable a cada persona hoy aquí,

a mi corazón y cada corazón,
para examinar: ¿Somos amables

en nuestras acciones?

¿Lo mostramos?

Padre, examina nuestros
corazones, ¿expresamos

amabilidad en la adversidad,
pruebas, sufrimiento,

rechazo, herida, dolor?

Muéstranos que tenemos
al Espíritu Santo, quien nos

facultará aún en medio de que
alguien más nos haya herido,

podemos ser amables
y perdonarles.

Has sido tan bueno con nosotros,
enséñanos a ser bondadosos

con todo el que conozcamos.

Padre, te amamos por tu bondad
para con nosotros al salvarnos,

y bendecimos
tu santo nombre hoy.

Amén.