Cuando apreciamos nuestras bendiciones – Dr. Charles Stanley

¿Ha descubierto todas las bendiciones que Dios tiene para usted? Cuando pensamos en las bendiciones, a veces nos enfocamos en los beneficios materiales y físicos como el hogar, el trabajo, la familia y la salud. Pero hay provisiones espirituales aún mayores que tal vez no hayamos considerado. En este mensaje, el Dr. Stanley nos enseña cómo ser siempre conscientes de la riqueza del favor que recibimos de Dios, en el momento de la salvación y cada día después. Al reconocer intencionalmente cada cosa buena que vemos, oímos y esperamos como si viniera de un Padre celestial generoso, nuestras vidas se llenarán de gratitud y alabanza. Para más mensajes de Charles Stanley, incluyendo la transmisión de esta semana, visite www.encontacto.org/vea

Dr. Stanley: ¿Cuándo fue
la última vez que se detuvo

a contar sus bendiciones?

Y vayamos más allá de las cosas
que solemos considerar, que si

tiene un buen auto, vive en una
buena zona, viste ropa buena,

o tiene un buen empleo.

Podemos pensar en muchas cosas
así por las cuales dar gracias,

pero vayamos más allá.

Deseo que pensemos en
lo que dice la Palabra de Dios

respecto a la fuente
de nuestras bendiciones.

O sea, si trabaja duro y tiene
un sueldo, siente que se merece

eso y otras cosas en la vida.

Pero pensemos en las bendiciones
que tenemos que vienen de Dios,

compradas por la sangre
de Cristo en el Calvario.

Bendiciones en las que la
mayoría nunca piensa y muchos

nunca han escuchado; pero son
bendiciones específicas que

podemos pedir y que son nuestras
como resultado de nuestra

relación con Jesucristo.

Y mientras pensamos en esto,
deseo comenzar a leer

en Efesios, desde el capítulo 1;
y deseo que leamos varios

versículos en este capítulo,
y quisiera que pensáramos con

claridad sobre ciertas cosas que
quizás no hemos considerado

desde hace un buen tiempo.

Efesios capítulo 1:
«Pablo, apóstol de Jesucristo

por la voluntad de Dios,
a los santos y fieles

en Cristo Jesús que están
en Efeso: «Gracia y paz

a vosotros, de Dios nuestro
Padre y del Señor Jesucristo.

Ahora escuche esto: «Bendito sea
el Dios y Padre de nuestro Señor

Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los

lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en él.

O sea, en Cristo: antes de la
fundación del mundo, para que

fuésemos santos y sin mancha
delante de él, en amor

habiéndonos predestinado para
ser adoptados hijos suyos por

medio de Jesucristo, según el
puro afecto de su voluntad, para

alabanza de la gloria de su
gracia, con la cual nos hizo

aceptos en el Amado, en quien,
en Cristo, tenemos redención por

su sangre, el perdón de pecados
según las riquezas de su gracia,

que hizo sobreabundar para con
nosotros en toda sabiduría

e inteligencia».

¡Cuán maravillosa
promesa de Dios!

Porque algunas de esas palabras
la mayoría de la gente quizás

ni siquiera ha pensado en ellas.

Ahora, preste atención: Dios nos
escogió en Cristo Jesús antes de

la fundación del mundo.

¿Quién hizo la elección?

Dios fue quien eligió.

Nos escogió en Cristo Jesús,
«antes de la fundación del

mundo».

¿Para qué?

¿Cuál es su propósito al
escogernos?

¿Que la pasemos bien?

¿Que seamos exitosos?

¿Que tengamos fama?

No.

Nos escogió: «para que fuésemos
santos y sin mancha».

Santos y sin mancha delante
de Dios.

en amor habiéndonos predestinado
para ser adoptados hijos suyos.

Piense en eso, un montón de
sermones en un solo versículo.

Fue necesario que alguien
escuchara a Dios Todopoderoso

para siquiera poder tener esos
pensamientos.

Esto no es la mente ni la razón
humana, es el lenguaje de la

deidad, es lenguaje de Dios, es
el conocimiento de Dios Santo:

Predestinados, escogidos en Él;
conforme a su voluntad

predestinada para alabanza
de la gloria de su gracia,

con la cual nos hizo aceptos
en el Amado, en quien

tenemos redención, o sea,
salvación el perdón de pecados

según las riquezas de su gracia,
¿Sabe lo bendecido que es usted?

Como hijo de Dios,
vea lo rico que es.

Es rico con cosas que el dinero
no puede comprar,

y algo que nadie puede quitarle.

Mucha atención:
«habiéndonos predestinado

para ser adoptados»,
«nos escogió en él».

Mire: «nos escogió en él antes»
de Génesis 1.1.

Y cuando pienso en estar
agradecido, pudiera tan solo ir

a Efesios 1, leer los primeros
8 versículos, más o menos,

y estaría encantado
de no tener más nada.

Eso resuelve la vida antes,
durante y después del tiempo.

Solo Dios Todopoderoso,
el Dios soberano del universo,

puede hacer esa clase
de promesa.

Y cuando pienso en la gente que
no tiene propósito en la vida,

quienes no tienen un sentido
de nada emocionante en la vida,

quisiera decirles:
«Lea el primer capítulo y crea

lo que Dios dice de usted».

Todo hijo de Dios puede
apropiarse de esos versículos,

dice: «a los santos y fieles
en Efeso».

Si estuviera escribiendo hoy,
tal vez diría: «a los santos

que están en Atlanta».

Es lo mismo, y a veces al leer
la Palabra de Dios, queremos

ponerla por allá en el pasado,
que Pablo debió haberle querido

decir algo a alguien.

No, es para nosotros; es una
de las bendiciones de Dios

Todopoderoso, que Dios
nos haya escogido aún antes

de que naciéramos.

Él nos escogió.

Así que esa es una bendición
en la cual podemos pensar.

Luego,
pienso en el versículo 13:

«En él refiriéndose a Cristo,
también vosotros,

habiendo oído la palabra de
verdad, el evangelio de vuestra

salvación, y habiendo creído
en él, fuisteis sellados con el

Espíritu Santo de la promesa»,
Mucha atención, lo que acabamos

de leer, primero que todo
dice que podemos contar con

el hecho de que Dios nos selló
como sus hijos.

Lo que Dios prometió
se cumplirá.

Nadie puede romper el sello de
Dios santo, Dios Todopoderoso,

Dios soberano del universo.

Y estas son las bendiciones que
a menudo pasamos por alto.

Y creemos que las bendiciones
son esto y aquello,

algo que se compra, lo que sea.

Estas son bendiciones,
mucha atención,

que ya fueron compradas.

Ya fueron compradas, compradas
con la sangre de Cristo,

envueltas en la gracia de Dios
para cada uno

que está dispuesto a creerle.

¡Así de bendecidos somos!

Luego en el capítulo 12
de 1 Corintios, habla del hecho

de que Dios nos ha dado dones.

O sea, tenemos una variedad
de dones.

Mucha atención, Dios, quien hizo
esta promesa, le ha dado dones

a usted para que logre lo que
sea que Él tiene en mente

para su vida.

Hay 7 dones principales,
y muchos otros,

así que Dios nos ha equipado
para vivir nuestra vida

conforme a ese don.

Por ejemplo, está el don
de servicio; y una persona con

el don de servicio, eso es
lo que la motiva, quiere servir.

Ahora, la mayoría no quiere el
don de servicio porque piensan:

«Pues tengo que servir
a alguien».

No, usted sirve a Dios.

Todos, en lo que sea que
hagamos,

estamos sirviendo a Dios.

Entonces, si servimos a Dios, es
importante.

Quizás algunas personas no lo
consideren así, pero lo es para

usted.

Sucede lo siguiente: Usted hará
lo mejor con lo que Dios le haya

dotado a hacer porque Él tenía
eso en mente para usted.

Cuando alguien dice: «No me
siento importante», sí lo es.

Dios le escogió antes de la
fundación del mundo, eso dice

que es muy importante.

Que Cristo haya muerto
en la cruz por sus pecados,

usted es importante.

Es morada del Espíritu Santo,
es muy importante.

Así que hay promesa tras promesa
tras promesa.

Luego, por ejemplo,
en Juan 14.21 dice:

«el que me ama, será amado
por mi Padre, y yo le amaré,

y me manifestaré a él».

Piense en esto,
dice que Dios nos ama.

Y he conocido a muchas personas
que no se sienten amadas.

No se sienten amadas.

Pueden decir por qué creen
que Dios no les ama.

Porque nunca les ha pasado esto
o aquello; o porque no tienen

esto, nunca han ido para
tal sitio, en el caso que sea.

Dios nos ama a cada
uno sin excepción, y me encanta

el capítulo 31 de Jeremías.

Veámoslo por un momento,
está en el Antiguo Testamento,

pero deseo que lo veamos.

Capítulo 31, escuche:
«Con amor eterno te he amado;

por tanto,
te prolongué mi misericordia».

¿Quién más puede decirle:
«Te he amado con amor eterno»?

La mayoría de la gente nunca
ha sentido amor genuino,

verdadero y real de nadie.

Hijos e hijos de sus padres,
o quien quiera que sea.

«Con amor eterno te he amado».

¿Sabe cuánto dura lo eterno?

¿Cuánto dura lo eterno?

Quiere decir que nunca cesa,
nunca se ha interrumpido.

Dios nos ama las 24 horas
del día.

Quizás alguien diga: «Pues ¿por
qué permite ciertas cosas?».

No puedo contestar eso, salvo
que sé esto: nada nos sucede

a los hijos de Dios sin su
conocimiento, su presencia y su

poder.

¿Por qué permite que pasen
ciertas cosas?

Todos hemos sufrido algo que no
escogimos, que no nos gustó,

hubiéramos querido que Dios lo
hubiera hecho de otro modo; pero

Dios lo permitió así, y Dios
tomará cada circunstancia de la

vida y la cambiará para bien si
confiamos en Él.

Si reconocemos que Dios nos ama,
se interesa por nosotros, ha

escrito nuestro nombre en el
Libro de la vida.

Y dice: «No se turbe vuestro
corazón ni tenga miedo».

Momento a momento, tenemos la
presencia de Dios Todopoderoso.

«No temas».

Dice, por ejemplo, en Juan 14,
dice: «La paz os dejo, mi paz os

doy»; No promete paz en este
mundo, vivimos en un mundo lleno

de guerra.

Pero dice: «Mi paz os doy».

No la avienta como una cobija;
le da paz a usted paz, a él, a

ella, a ellos, a mí; nos da paz,
porque así es Él.

Dios quiere que tengamos paz.

La palabra paz en el griego es
una palabrita que se pronuncia

«eiréné» y significa unir.

Dios quiere que estemos unidos
con Él, para tener su paz, su

gozo, su amor, su satisfacción,
aún en tiempos difíciles.

Somos bendecidos en maneras en
las que nunca pensamos.

Luego dice, por ejemplo, en
Filipenses 4, versículo 19,

dice: «Mi Dios, pues, suplirá
todo lo que os falta conforme a

sus riquezas en gloria en Cristo
Jesús.

Mire, no dice esto, no dice que
Dios suplirá todo lo que

queramos.

Al confiar en Cristo como
Salvador, mire, estamos bajo la

sombra de un Dios soberano,
quien no solo suplirá todo lo

que nos falte, sino que lo hará
a tiempo, cuando sepa que lo

necesitamos y que es el mejor
momento.

Dios nos cuidará, pase lo que
pase.

No significa que no sufriremos.

No quiere decir que no tendremos
momentos difíciles, porque ¿qué

nos lleva a Dios?

A menudo el dolor y el
sufrimiento; también nos lleva a

Dios su gran amor por nosotros.

Al pensar en lo que tiene por lo
cual estar agradecido, se trata

de bendiciones eternas,
bendiciones que Dios

Todopoderoso ha firmado y
sellado con su nombre.

Se trata de bendiciones que
nadie puede quitarle.

Aceptó a Cristo como su
Salvador, ¿quién puede quitarle

su seguridad eterna?

¡Nadie!

¿Por qué estamos agradecidos?

¿Qué damos por sentado?

Me temo que la mayoría
de las veces estamos agradecidos

por lo material: casa, auto,
ropa, empleo, etcétera.

Las posesiones más valiosas de
la vida son todas espirituales:

La presencia de Dios, el poder
de Dios, un conocimiento de

Dios.

Piense en esto, considere lo que
sabe acerca del Señor.

Es bendecido, es bendecido a
diario.

Bendecido con vida eterna que
nunca cesa, con la presencia

eterna de Dios Todopoderoso,
quien contesta nuestras

oraciones; quien dice: «Nunca te
dejaré ni te desampararé.

Supliré tus necesidades».

El problema es que no conocemos
al Dios que decimos servir.

Podemos venir a la iglesia y
cantar de la gracia de Dios, de

su bondad, y mire, podemos
cantar y viene a nuestra mente,

sale de nuestros labios; pero se
trata de experimentarlo,

disfrutar las grandes
bendiciones de Dios,

y hablar con Dios.

Cuando pienso en la oración,
y el privilegio maravilloso

fíjese, mire a su alrededor,
¿quién creó esto?

El Dios soberano del universo
creó todo lo que existe.

Tenemos el privilegio de hablar
con Él.

Ahora, quizás usted tenga a
alguien en su vida con quien le

encanta hablar, o escucharle,
¿qué de Dios?

¿Qué de Dios?

Puede hablar con Dios.

Quizás diga: «No lo conozco muy
bien».

La razón por la cual no lo
conoce bien es porque no lee su

Libro.

Cuando leemos su Libro, nos
emocionamos.

Cuando leemos su Libro, nos
entusiasma lo que Él puede

hacer.

Al leer su Libro, de pronto
tenemos una opinión distinta de

quién es Dios.

No es alguien distante en el
futuro lejano, futuro invisible.

Sino que Dios es personal,
cercano, cálido, mire, quien

envió a su Hijo Jesucristo para
que pudiéramos reconocer: «Sí,

Él puede sentir lo que siento.

Sí, entiende cuando sufro».

Sí, entiende cuando no
entiendo».

Ese es el Dios a quien servimos.

El mundo en el cual vivimos no
conoce al Dios a quien servimos.

Y luego en 1 Corintios 15,
versículo 51, escuche lo que

dice: «He aquí, os digo un
misterio: No todos dormiremos;

pero todos seremos
transformados, en un momento, en

un abrir y cerrar de ojos, a la
final trompeta; porque se tocará

la trompeta, y los muertos serán
resucitados incorruptibles, y

nosotros seremos transformados».

¿Qué significa?

Que nuestros seres queridos,
cuyos cuerpos vimos en un ataúd,

sepultados cubierto de tierra,
ese no es el fin.

Hay una resurrección para cada
hijo de Dios, un nuevo cuerpo

que existe para siempre con Dios
Todopoderoso.

Gracias a Dios que no hay fin a
nuestra vida.

Esa es la promesa de Dios
Todopoderoso, por eso no tememos

morir.

¿Cuándo fue la última vez que le
dio gracias porque al llamarlo a

su presencia, lo verá cara a
cara?

¿Cuándo fue la última vez que le
dijo: «Señor, no sé cuándo, no

me alegra mucho que vaya, pero
estoy feliz porque cuando vaya

te veré cara a cara»?

«Estaré feliz de conocerte,
Señor.

Cuando pienso en todo lo que has
hecho por mí, en todo lo que me

has ayudado, y en todos los
errores y pecados que he

cometido, y aún así me
conocerás».

La sangre de Cristo nos ha
limpiado y nos ha purificado

ante sus ojos.

Dios es nuestro Dios.

No una idea ficticia de la cual
escribe la gente; el Dios

soberano del universo, Él es
Dios.

Y pienso en lo que dice el Señor
en Juan 14: «voy, pues, a

preparar lugar para vosotros».

«Y si me fuere y os preparare
lugar, vendré otra vez, y os

tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también

estéis».

Otra de sus promesas.

Mire, voy a preparar un lugar
para vosotros.

Si alguien dice: «¿Cómo será el
cielo?».

No lo sé, le diré lo que sí sé.

Será como el Dios a quien
servimos, así será el cielo.

Pues sí quiero ver a Jesucristo.

Y cuando pienso, y cuando pienso
en todo lo que tenemos para

estar agradecidos, y cuando
dice: «voy, a preparar lugar

para vosotros.

Y si me fuere y os preparare
lugar», «vendré otra vez, y os

tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también

estéis».

Ahora, hay algo más por lo cual
estoy agradecido.

Mucha gente, muchas personas
en el mundo nunca han visto una.

Muchos si la vieran
no sabrían lo que es.

De todo lo que existe en
la Tierra, esto es lo número 1.

Aquí está cómo comenzó
y cómo terminará.

Y aquí está lo que sucederá
de principio a fin:

la Palabra vida de Dios.

Todo padre debería señalarle a
sus hijos, y uno de los primeros

regalos que debe darle a su hijo
es una copia de la Biblia.

Hay gente que vive y muere
solo por obtener una copia

de la Palabra de Dios.

«Sécase la hierba, marchítase
la flor; más la palabra del Dios

nuestro permanece para siempre».

¿Amén?

Oremos: Padre, te bendecimos,
alabamos tu santo nombre, te

damos gracias por darnos tu
Palabra y por inspirarnos, por

tocar los corazones de quienes
escribieron lo que les dijiste.

Gracias por todos los siglos que
han pasado que has preservado tu

Palabra, tus preciosas promesas.

Gracias porque tenemos la
promesa de vida eterna.

Gracias porque tenemos
la promesa de tu presencia

dentro de nosotros, guiándonos,
sellándonos, guardándonos.

Así que te pedimos, Padre,
que aceptes nuestra gratitud.

Nos humillamos ante ti
y reconocemos que

te lo debemos todo, todo,
Señor; y hoy nos entregamos

a ti de nuevo, y alabamos
tu santo nombre.

Oramos en el nombre de Jesús.

Amén.