Cómo vencer la soledad – Dr. Charles Stanley

“No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2.18). A lo primero que Dios llamó malo, después de crear al mundo, fue a la soledad; la cual sigue afligiendo a la humanidad hoy. En este mensaje de dos partes, el Dr. Stanley explica en la primera por qué nos encontramos en el desolado ambiente de la soledad, y nos desafía a examinarnos y a enfrentar las conductas que contribuyen a nuestro aislamiento. En la segunda parte, presenta la manera concreta de proceder para superar este inconsciente y solitario aislamiento. La soledad es pesada, pero Cristo prometió aligerar nuestras cargas y darnos descanso (Mt 11.28). Este mensaje de dos partes incluye: – Cuando vivimos bajo la sombra de la soledad – Cómo vencer la soledad Para más mensajes de Charles Stanley, incluyendo la transmisión de esta semana, visite www.encontacto.org/vea

Dr. Stanley: Las personas
solitarias son infelices, se

sienten inseguras, deficientes,
preocupadas, a menudo

confundidas.

Tienden a desperdiciar el
tiempo, porque el sentirse solas

divide su atención.

Cuando pienso en sus reacciones
y en su forma de actuar, en

función de eso, desperdician
mucho tiempo.

Si alguien se siente solo, le es
difícil concentrarse.

Su mente se distrae; quieren
hacer una cosa y terminan

haciendo otra.

Sin darse cuenta, pierden tiempo
preguntándose por qué se sienten

así, y quién les ayudará.

Así pues, sentirse solo no es
bueno.

Entonces quisiera que viéramos
un pasaje bíblico que quizás

haya leído muchas veces, pero es
un buen ejemplo de lo que nos

dice el Señor Jesús al pasar por
esos momentos.

Vayamos por un momento a Mateo
capítulo 11, y leamos desde el

versículo 28: «Venid a mí todos
los que estáis trabajados y

cargados, y yo os haré
descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y
aprended de mí, que soy manso y

humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas;

porque mi yugo es fácil, y
ligera mi carga».

Esta es una palabra de aliento
para todos los que se sienten

solos y a veces le preguntan a
Dios: «¿Dónde estás?

Si estás allí, ¿por qué no
hablas?

¿Por qué no te revelas?

¿Por qué no te das a conocer?».

El Señor Jesús dice: «Ven a mí y
te mostraré la verdad.

Me daré a conocer.

Levantaré tu carga.

Quitaré tu soledad.

Supliré toda y cada necesidad
que tengas».

Entonces al considerar la
soledad, pensamos en un

sentimiento que no solo afecta a
muchas personas, sino que les

agobia.

No saben adónde acudir, y a
veces recurren a algo que nos

les ayuda en nada.

Lo que quisiera hacer en este
mensaje es darle algunas

sugerencias para vencerla.

No tiene que vivir en soledad,
esa no es la voluntad de Dios

para nosotros, y Él es nuestro
mejor amigo.

Consideremos por un momento
cuando Cristo estuvo en la cruz,

piense en esto cuando lo
clavaron en la cruz, con clavos

en sus manos y pies, en esos
momentos pagó el precio por

nuestros pecados, y, sobre todo,
lo hizo sin la presencia del

Padre: «Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado?».

Si hay alguien que entiende la
soledad es Jesucristo.

Él no desea que vivamos en
soledad.

Al aceptar a Cristo como su
Salvador personal tiene una

razón para creer la enseñanza
bíblica de que nunca volverá a

estar solo.

No dije que no se sentiría solo;
pero al aceptar a Cristo, nunca

estará solo, no importa lo que
pase, lo que experimente, lo que

sufra en la vida, o lo bien que
esté, nunca estará solo.

Sentirse solo, sí, y la soledad
es una plaga en nuestra sociedad

y el mundo.

Puede tener dinero para comprar
de todo, ir a divertirse en

donde sea; no obstante, la
soledad es como una enfermedad.

La soledad nos ha asediado, y la
gente está en busca de una

solución.

Definamos pues de forma breve lo
que es la soledad, preste

atención: «La soledad es una
ansiedad por separación,

provocada por sentimientos de
desconexión, pérdida de

contacto; es la pérdida de
cercanía o del sentido de

pertenencia; sentirse
abandonado, rechazado y

aislado».

Es decir, ha sucedido algo con
alguien en su vida, con su

familia, o el caso que sea, es
una desconexión.

Quienes han pasado por divorcio,
muerte, y cualquier clase de

separación, entienden cómo esto
les afecta mental, emocional y

físicamente.

Dios no quiere que tengamos una
vida de soledad; no obstante,

así es para mucha gente.

Tienen todo lo material, pero se
sienten solos.

Mucha gente piensa: «Bueno, si
tuviera esto, y aquello, o si

tuviera a fulano, o a fulana,
estaría bien».

No lo estaría.

No hay nada en la creación de
Dios, ni siquiera todo junto,

que pueda satisfacer un vacío en
la vida que solo Cristo puede

llenar.

Ahora, quizás usted esté
viéndonos o escuchándonos, y

piense: «No creo que eso sea
cierto por esto, aquello y lo

otro».

Entonces lo que quisiera hacer
es hablarle de cómo vencer esa

soledad y veamos si lo que usted
está haciendo funciona.

Sé que no es así, o no hubiera
sentido lo que sintió.

Quizás le incomode este mensaje;
si es así, esta bien, porque

quizás esté en un punto donde ya
no quiera seguir la senda de la

soledad.

Así que pensemos en formas muy
específicas de vencer la soledad

en su vida.

La primera es esta hay que
preguntarse: «¿Qué estoy

haciendo que provoca a la
soledad en mi vida?».

Puede sentirse solo sin saber
por qué.

Ahora, si fallece un familiar, o
hay separación o divorcio, o

algo así, es de entender.

Pero ¿qué de esa soledad que no
puede identificarse su causa?

¿Qué si nada de eso es cierto,
pero aún así se siente solo,

vacío, sigue tratando de
descifrar lo que sucede en su

vida?

Así pues, al preguntarse: ¿Qué
estoy haciendo que la provoca?

Preste atención, algo la
promueve.

Algo acarrea la soledad en su
vida; y si es hijo de Dios, no

debería sentirse solo, y si aún
se siente solo debe preguntarse:

¿Hay algo en mi mentalidad?

¿Qué estoy haciendo?

¿Qué tienen mis relaciones que
me dejan vacío?

Así que algo anda mal.

Sobre todo si ha aceptado a
Cristo como su Salvador, y se

siente solo, algo anda mal.

Porque no debería sentir soledad
teniendo en usted la presencia

de Dios Todopoderoso, quien
dijo: «No te dejaré, ni te

desampararé».

Esa es la promesa de Dios para
todo creyente.

También hay que preguntarse:
«¿Es así como quiero pasar el

resto de mi vida y al morir dar
cuenta al Señor por una vida de

desobediencia y desperdicio?».

En todos mis años, nunca he
conocido a alguien que haya

dicho: «Era cristiano, iba a la
iglesia, solía hacer esto y

aquello, pero lo dejé».

Nunca he conocido a alguien que
me haya dicho eso, y fuera

feliz.

Que siquiera afirme ser feliz,
porque siempre les falta algo.

«Oh, ya no voy a la iglesia,
pero–» ¿Y qué?

Siguen infelices, desdichados,
se sienten solos porque sin

Cristo, piense en esto, fíjese,
Él nos creó.

Él no tiene que hacerlo; nos
creó, nos dio vida.

¿Por qué?

Para morar en nosotros, para
actuar en nuestra vida de modo

tal que lo alabemos, honremos,
glorifiquemos, y vivamos para

Él, y lo reflejemos, y
transmitamos ese sentido de

comunión y amor con otros.

Entonces le pregunto, si es una
de esas personas muy felices,

¿lo transmite a quienes le
rodean?

Cuando habla con otros sobre su
relación con Cristo, ¿le

atribuye el mérito de haber sido
la respuesta a su soledad?

Porque la verdad es que sin Él,
no lo tendría.

Puede mencionar cualquier
posesión, pero sin Cristo, aún

se sentirá solo.

Por eso digo una y otra vez,
Cristo es quien lo hace.

Al entregarse a Cristo, pasa
esto.

La Biblia dice que una vez que
se entrega a Cristo,

mucha atención,
Él viene a su vida a

morar en usted mediante el
Espíritu Santo, y el Espíritu

Santo, dice la Biblia, que lo
sella, le sella para

siempre como hijo de Dios.

No puede ser salvo, sellado por
el Espíritu de Dios y luego

quitarse el sello.

Peca contra Dios, y ¿qué sucede?

Pierde su gozo y su paz.

Se sale de la voluntad de Dios y
¿qué pasa?

¿Pierde su salvación?

No, pero pierde su paz, su gozo,
y su sentido de seguridad; pero

no pierde su salvación.

Dios le ha sellado como uno de
sus hijos y tiene la mejor vida

posible para usted; pero si se
aleja de Él, si escoge otro

camino que no sea el de Dios,
terminará sintiéndose solo.

Como resultado, se preguntará
qué sucedió.

Lo que ocurrió fue que se
desconectó espiritualmente de la

fuente misma de la vida, la
mayoría de la gente está en esa

situación.

Pedirle a Dios liberación de
cualquier comportamiento que nos

haga recaer.

Por ejemplo, si usted ha
aceptado a Cristo como su

Salvador, va muy bien y de
pronto comienza a sentirse solo

por la razón que sea.

Tuvo una decepción, lo que sea.

Cuídese de no dejar que alguien
le arrastre otra vez al antiguo

estilo de vida que llevaba y
vuelva a encontrarse vacío,

siendo eso innecesario.

Mire, la soledad no es normal
para un hijo de Dios.

Es normal para el mundo porque
no están conectados con la

fuente de vida, gozo, paz,
felicidad y todo lo demás: «La

paz os dejo, mi paz os doy; yo
no os la doy como el mundo la

da.

No se turbe vuestro corazón».

No como el mundo la da porque Él
sabe que eso no es apto, no es

suficiente, Él dice, «Venid a mí
y yo os haré descansar».

Te daré paz, te daré gozo; es
una relación con Cristo.

Mire, puede relacionarse con la
mujer más hermosa, el hombre más

buenmozo, la persona más apuesta
del mundo, más adinerada, lo que

sea.

Sin Cristo, quizás trate de
lograr esa conexión, pero no

podrá porque Jesucristo es el
gran nexo.

Él es quien nos conecta con Él
mismo y nos da sentido de paz,

felicidad, en lugar de soledad.

A veces las personas más felices
que conoce, viven solas.

Si tener a alguien fuera
esencial para ser feliz y tener

paz en la vida, eso no sería
cierto.

Pero al entregar su vida a
Cristo, Él comienza a vivir en

usted ¿qué?

Una vida consagrada a Dios,
sumisa al Padre, y que escucha

al Padre, una vida que mora en
la Palabra de Dios; esa es la

diferencia.

Entonces pregúntese: ¿Dónde
encaja todo esto en su vida?

Luego considere esto: Cultivar
una nueva amistad con alguien

que sea de bendición en nuestra
vida, a veces eso es justo lo

necesario para vencer la
soledad.

Cultivar una amistad, mire, no
con alguien que podría

arrastrarlo adonde estaba, sino
alguien que le levante.

Alguien que le anime, alguien
que le dé mucha importancia a su

relación con Cristo.

Alguien cuya forma de hablar,
cuyo estilo de vida, manera de

vestirse, comportamiento, usted
considere que agradaría al Señor

Jesucristo.

Un amigo genuino que no quiera
algo a cambio de usted, sino

solo ser su amigo.

Si quiere vencer la soledad, un
amigo que busque a Dios.

Alguien dispuesto a darse a sí
mismo de un modo agradable a

Dios que sea edificante y no
destructivo.

Dios quiere que seamos fuertes
para alcanzar a la gente que

esté mal en la vida, que se
sienta sola y necesite a un

amigo.

Pero, mucha atención, asegúrese
de no escuchar al diablo si le

dice: «Aquí hay alguien que te
necesita.

Puedes ayudarle.

Solo ve».

No siempre, porque hay personas
que le hundirán.

Buscan a alguien que les dé la
razón, buscan a alguien que

disfrute el mismo pecado que
disfrutan ellos.

Eso no es libertad, y tampoco es
saludable; no es lo que Dios nos

dice que debemos hacer.

A veces hay que alejarse.

Dios nos da sabiduría para saber
a quién podemos ayudar y a quién

no.

O, si estamos en la posición
espiritual de ayudarles.

O, si nuestra relación con
Cristo está bien afianzada que

podemos ayudarles.

Dios nos mostrará a quién
ayudar, Él nos mostrará con

quién cultivar una amistad y
quién, por otro lado, aunque

bien intencionado, nos hundirá.

Pensemos en nuestros hijos, por
ejemplo, o en los adolescentes,

¿qué les dice?

O piense en sus nietos, ¿qué les
dice?

«Mira con quien andas, porque la
mayoría querrá arrastrarte.

Tienes que probar esto».

Hay cosas que no necesitamos
probar.

Debemos pedirle a Dios sabiduría
para poder detectar en las ideas

de otros en verdad qué piensan
que es la amistad.

Decidir creer la verdad: que no
estamos solos, porque Cristo

está con nosotros en toda
circunstancia en nuestra vida.

No está solo, quizás se sienta
solo, pero no lo está.

Él siempre está allí en verdad.

Él está allí, listo para
revelarse.

No crea que está solo, y
recuerde, como dijimos antes, y

lo repetiré adrede: Debemos
recordar, el Espíritu Santo

está en nosotros.

Cuando alguien dice: «Bueno, no
puedo estar solo».

Lo que quiere decir es que no
tiene la suficiente madurez

emocional para vivir solo.

Entonces ¿qué hace?

Necesita a alguien.

Esté alerta, tenga cautela.

Mucho cuidado.

El fuego está prendido, las
trampas y los hoyos, puestos.

Si no tiene cuidado, viene
alguien, hay que hacer

preguntas.

Si alguien quiere ser su amigo,
averigüe quién es, qué clase de

amistad tiene con otros y
quiénes son sus amigos.

Si alguien quiere mi amistad,
querré saber quiénes son sus

amigos; podría ser cualquier
persona.

Así que la amistad es esencial
para una vida plena.

Pero en primer lugar, amistad
con el Señor Jesucristo.

Él le mostrará de quién puede
hacerse amigo.

Le mostrará quién necesita su
amistad, para que usted les

edifique.

Asimismo, mencionaré varias
sugerencias prácticas y una de

ellas es esta: Priorizar la
lectura diaria de la Palabra de

Dios.

Que sea prioridad leer la
Palabra de Dios cada día, y

orar.

Ahora, al leer en la Palabra de
Dios lo que Él ha dicho y desea

decirnos, ¿quién compuso todo
esto?

No fue creación del hombre, es
la Palabra de Dios para

enseñarnos a vivir, a
relacionarnos con Él, cómo ser

amigos, cómo ayudar, cómo
discernir entre el bien y el

mal, entre lo que es bueno y lo
que no lo es.

Dios nos ha dado su Palabra, que
nos impulsa en la vida, nos

mantiene espiritualmente y nos
da energía.

Él nos dice: «no te dejaré ni te
desampararé.

Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece», dijo el apóstol

Pablo; así que Dios nos ha dado
su Palabra.

Debe ser nuestro alimento
diario, por esta sencilla razón;

preste atención, si va por mal
camino con alguien pero lee la

Biblia a diario, tenga por
seguro que leerá un pasaje sin

siquiera haberlo buscado, pero
será como que si tuviera su

nombre.

Dios le dará una advertencia:
«Ten cuidado, aléjate, esa

relación no es buena».

Si descuida la Biblia, caerá en
las trampas.

Si a diario leemos la Palabra de
Dios y le pedimos que nos dé

sabiduría, dirección y espíritu
de discernimiento para poder

distinguir cuál es su voluntad y
cuál no lo es.

Mire, alguien puede vestirse
como un millón de dólares,

pero su carácter puede valer
20 centavos; así que hay que

fijarse en lo que hacemos.

La Palabra de Dios, quizás
alguien diga: «No tengo tiempo

para leer la Biblia».

Entonces no tiene tiempo
para Dios.

No tiene tiempo de evitar los
problemas.

Leer la Palabra de Dios y orar a
diario, pedirle dirección a

Dios.

Memorizar un pasaje bíblico
sencillo para afrontar algo.

Por ejemplo, si tuviera una
necesidad y no tuviera ni idea

de lo que acontece, leería este
pasaje: «Mi Dios, pues, suplirá

todo lo que os falta conforme a
sus riquezas en gloria en Cristo

Jesús».

O sea, lo que sea que necesite,
Dios lo suplirá.

Alguien dirá: «Y ¿qué de las
situaciones que no podemos

cambiar?».

Aceptarlas y pedirle ayuda al
Señor para sobrellevarlas.

Por ejemplo, si fallece su
esposo o esposa, pensará:

«Bueno, ¿pretende decir que no
debo sentir soledad?».

No dije eso.

Es natural que si alguien casi
parte de su carne no está, lo

sienta, pero lo siente en la
presencia de Cristo.

Que si Dios se llevó a esa
persona de su vida, tenía una

razón para hacerlo.

Podemos decir que fue tal
enfermedad, o lo que sea, Dios

se los llevó.

Dios sabía que quedaría solo y
le acompañará desde ese

instante, para recordarle:
«Estaré contigo, no te

desampararé pese a todo».

Así que es normal pasar por
momentos y pruebas en que

sentimos soledad, pero decidimos
no quedarnos allí.

Todos pasamos por momentos en
que perdemos a un ser querido,

por la razón que sea, esa
soledad es algo que Dios usará

para acercarnos a Él.

Si asumimos la actitud correcta,
la soledad puede acercarnos a

Dios.

Asimismo, diría que debemos
ofrecer ayuda para servir a

alguien.

Entregarnos a otros tiene algo
especial.

Cuidado, alguien se aprovechará
de eso, pero diga: «Señor,

dijiste que debemos ser siervos,
estoy dispuesto a ayudar a

alguien».

Mucha atención, por eso lo
principal aquí es que el

Espíritu Santo que mora en
nosotros nos dirige a quién

ayudar.

Así que hay que pedirle
dirección en eso.

Hay que buscar compañerismo con
una persona consagrada a Dios

que nos anime a dar lo mejor de
nosotros, porque a veces Dios

quiere que cultivemos una
amistad con alguien porque Dios

sabe que tiene algo que puede
aportarnos.

No quieren nada de nosotros,
quieren desafiarnos,

edificarnos, madurarnos,
ayudarnos, alentarnos.

Esa es la clase de amigos que
todos necesitamos.

Todos necesitamos esa conexión
en la vida que nos edifique,

ayude, faculte, porque eso hace
posible que lo hagamos para con

alguien más.

Dios no quiere que tengamos
vidas solitarias.

Las personas consagradas a Dios
tienen una conexión con el

Espíritu Santo quien nos muestra
justo con quién podemos

relacionarnos y con quien no.

Alguien dirá: «Bueno, eso suena
egoísta».

No, suena muy importante porque
hay que tomar decisiones en la

vida, y ver quiénes serán
nuestros amigos es una decisión

muy, pero muy significativa.

«Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os

haré descansar».

Porque Dios sabe el peso, la
carga de la soledad.

Es muy pesada; pero Dios puede
quitarnos esa carga, y dar

sentido de plenitud y gozo a
nuestro corazón que solo Él

puede dar.

Pienso en cuán significativo es
que Cristo enviara al Espíritu

Santo para que nunca, mire nunca
estuviéramos solos, nunca.

Nunca estaremos solos.

Quizás nos sintamos solos,
no esteremos solos porque

Él nos selló para sí mismo.

Siempre tendremos esa conexión.

Quizás la afecten nuestras
relaciones, pero esa conexión

siempre está allí.

Ahora, sabe bien donde está en
la vida, sabe quiénes son sus

amigos, entonces le pregunto:
¿Sus amigos le hunden o le

levantan?

¿Buscan lo mejor para usted o
solo su propio interés?

¿Le dan obsequios porque quieren
algo a cambio o porque le aman?

¿En verdad son fieles o solo le
dan la apariencia de serlo?

¿Quién es un amigo genuino en su
vida?

¿Quién busca su amistad con
segundas intenciones?

En esta época, debemos hacernos
preguntas, pedir la guía y

dirección de Dios en nuestra
vida.

Luego, si Dios le da un sentido
de: «mm, mm, mm, mm, mm.

No, no, no, no, no», no lo
ignore y siga adelante.

Cuando Dios frena una relación,
es para evitarnos un desastre.

Debemos escucharlo obedecerlo, y
tendremos el gozo de tener

buenos amigos, que nos edifiquen
y nunca nos destruyan.

Piense en esto, lo que es cierto
de usted, lo será de sus hijos y

nietos.

¿Quiere que sus hijos y sus
nietos escojan bien sus

amistades?

Ellos verán su ejemplo: «¿Quién
edificaba a mi papá o mi mamá?

¿Qué clase de amigos tenían mis
abuelos?».

La vida es tan complicada que
debemos mantener los ojos

abiertos y corazones sensibles a
la voz de Dios, y tendremos

grandes amigos que un día
veremos en el cielo y juntos nos

gozaremos.

¿Amén?

Padre, te amamos y alabamos por
amarnos tanto que quieres ser

nuestro amigo.

Te pido que el Espíritu Santo
grabe estas verdades en cada

corazón que escuche.

Que mandes una advertencia a
todos los que van por mal rumbo.

Que des fuerza, energía y gozo a
todos los que andan

en tus sendas.

Gracias por amarnos tanto que
por siempre sabremos que siempre

has sido y serás nuestro
mejor amigo.

En el nombre de Jesús, amén.