¿A quién escuchamos? – Dr. Charles Stanley

A veces, nuestro día está sobrecargado de comunicación instantánea, toda clase de información y de entretenimiento. Pero ¿dejamos que estas cosas ahoguen la voz de Dios? ¿Está escuchando al Señor? Él nos ha estado hablando desde la creación, y por eso sabemos que el Padre celestial quiere comunicarse con nosotros. ¿Cómo podemos darle el tiempo que Él tanto se merece? En este mensaje, el Dr. Stanley aborda asuntos fundamentales, como: – ¿Por qué la gente no escucha a Dios? – ¿Cómo podemos identificar la voz de Dios? – ¿Por qué necesitamos escuchar a Dios? – ¿Cuáles son las consecuencias si no escuchamos a Dios? ¿Está usted escuchando al Señor y andando obedientemente delante de Él cada día? Esa es la única manera de obtener la cosecha más grande de la vida, y recibir las recompensas eternas desde este mismo momento. Para obtener más mensajes de Charles Stanley, incluida la transmisión de esta semana, visite https://www.encontacto.org/vea

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[música]

Dr. Charles Stanley:
El Hijo de Dios,

el Señor Jesucristo dijo:

«Yo soy el camino,
y la verdad y la vida,

nadie viene al Padre,
sino por mí.

Por tanto, vayan por todo
el mundo enseñando y predicando

el evangelio a toda criatura,
hasta lo último de la tierra».

locutor: En Contacto
el ministerio

de enseñanza bíblica
del Dr. Charles Stanley.

[música]

locutor: Hoy en el programa
En Contacto,

«¿A quién escuchamos?».

Dr. Charles Stanley: Esta es la
generación de los audífonos,

celulares y todo lo electrónico.

Y pensando en esto, a menudo uno
se sienta a comer con alguien y,

¿qué pasa?

Sacan ese celular y empiezan
a hablar con alguien más,

mientras uno está allí comiendo,
tratando de conversar.

O para disimular, se ponen
el audífono aquí y hablan

con la otra persona mientras lo
están viendo a uno a la cara.

Y, en lo personal,
me parece muy descortés.

Es solo mi opinión personal.

¿Alguien más está de acuerdo?

Aunque esté
o no de acuerdo,

sigo siendo descortés,

porque uno está tratando
de conversar con ellos.

Y a veces la gente mantiene
esa otra conversación

por el celular,
hablando de algo

de lo que ni siquiera
deberían hablar,

o con alguien con quien
no deberían hablar.

Esa es la generación
en la que estamos.

Y lo que más me molesta es
que nuestros oídos sintonizan

lo mismo que nuestra mente
y corazón, y es al mundo.

Entonces, tengo que preguntar:

¿Qué es lo primero que usted
escucha en el día?

¿Cuál es la primera voz?

¿Cuál es el primer sonido?

Se despierta,
¿enciende el radio,

el televisor o
su música favorita?

¿O se interesa por escuchar
lo que tal vez

Dios quiera decirle en ese día?

Usted dirá: «Dios nunca
me ha hablado».

Espere que termine este mensaje
y veamos si eso es cierto,

porque Dios se interesa por
hablar a cada uno de sus hijos,

sin excepción.

Dios se interesa por hablarle
a quienes no son seguidores

de Jesucristo, para que
entiendan quién es Jesús,

y la clase de vida
que les tiene.

Así que vayamos primero
que todo a Hebreos,

veremos unos 2 ó 3 pasajes aquí.

Y quisiera hablar de todo este
tema de: «¿A quién escuchamos?».

En el primer capítulo de
Hebreos, en los primeros

2 versículos, la Escritura nos
recuerda el hecho de que Dios

nos ha estado hablando
y dice el versículo 1:

«Dios, habiendo hablado muchas
veces y de muchas maneras

en otro tiempo a los padres
por los profetas,

en estos postreros días
nos ha hablado por el Hijo,

o sea mediante Jesucristo,
a quien constituyó heredero

de todo, y por quien asimismo
hizo el universo».

Ahora le invito a acompañarme
a Juan capítulo 14,

y deseo que veamos
el versículo 26,

porque Dios no solo habló
a los profetas

en el Antiguo Testamento,
desde el tiempo de Adán,

sino dice en este versículo 26
que Jesús,

preparando a sus discípulos
para su ascensión al cielo;

les dijo en el verso 26,

«Mas el Consolador,
el Espíritu Santo,

a quien el Padre enviará
en mi nombre, él os enseñará

todas las cosas, y os recordará
todo lo que yo os he dicho».

Lo que prometió fue esto,
y no solo a sus discípulos,

sino a todos nosotros.

Tras Él partir,
el Espíritu Santo

vendría y moraría
en todo creyente;

así que Él mora dentro de usted.

Él nos da guía y dirección
y habla a nuestros corazones.

Entonces cuando
el Espíritu Santo nos habla,

es Dios quien nos habla.

Yo le pregunto: ¿Cuánto tiempo
dedica, un día promedio,

para escuchar a Dios hablarle?

Le diré algo, Dios le habla
a sus hijos,

mañana, tarde y noche.

El asunto es, ¿lo escuchamos?

¿Dedicamos tiempo para escuchar
a Dios hablar?

Y piénselo, el Dios
soberano del universo,

Creador de todo, su Hijo murió
en la cruz por nuestros pecados,

Él voluntariamente hizo posible
que nos hablara cada día

de nuestra vida siempre.

Desde que lo aceptamos
como Salvador,

desde ese momento,
es nuestro amigo,

nuestro guía, quien nos ama
incondicionalmente

para que podamos vivir
a toda plenitud.

Pero para poder saber
lo que es eso,

debo aprender a escucharlo.

Piense en su propia vida,
¿cuánto tiempo dedica usted,

cualquier día o semana,
a escuchar a Dios?

O, ¿acaso dedica tiempo,
el día que sea,

para estar a solas con Dios,

escucharlo y pedirle
que le hable?

Ahora, piense en esto.

El hecho de pensar que podemos
pasar todo el día sin necesitar

la ayuda de Dios, su dirección,
y su sabiduría,

es mucha arrogancia.

Alguien dirá:

«No es que sea arrogante,
pero–»

¿Pero qué?

Si paso un día entero,
el que sea,

sin tomar en cuenta a Dios,
sin prestarle atención,

sin escucharlo,
expreso la actitud

de que puedo vivir sin Él.

y no podemos.

Pero, pensemos en ¿cuáles son
las principales razones

por las que las personas
no escuchan a Dios?

Número 1, no tienen
una relación con Él.

Muchas personas no lo escuchan
porque no son salvas;

así que no tienen una relación
con Dios.

Y debido a eso, no pueden
escuchar a Dios.

Pero una vez que lo haya
aceptado como su Salvador,

tiene una relación con Él.

Así que Dios le habla porque
quiere que conozca la verdad,

para que ande en la verdad,
pues es lo mejor para su vida,

porque le ama
incondicionalmente.

En segundo lugar,

muchas personas no esperan
que Dios les hable.

A menudo le pregunto a alguien:
¿Fue eso lo que Dios le dijo?

«Bueno, no sé.
Dios no me habla».

¡Claro que sí!

Que le escuche o no,
es otra cosa;

pero de que habla, habla,
¡claro que sí!

Dejaría de ser quien es,
si Dios nos salvara y dijera:

«Arréglenselas como puedan».

Dios no es así.

Número 3 es, el ruido del mundo
hace disipar la voz de Dios.

Como dijimos al principio, la
gente se despierta de mañana.

Encienden la música,
la televisión,

quieren saber
los sucesos del mundo.

Pero, ¿qué sucede en el cielo?

¿Qué acontece en su corazón?

¿Qué pasa por su mente?

¿Qué hay en la mente de Dios
para usted en ese día?

No deje que el mundo acalle
la voz de Dios todopoderoso,

quien le ama perfecta
e intensamente.

Otra razón no toman en cuenta
la Palabra de Dios.

Si pasa por alto su Palabra,
no escuchará a Dios.

Y pasa esto.

Cuando dejamos a un lado
la lectura y la meditación

de la Palabra de Dios,
sucede lo siguiente.

Mucha atención, cuando ignoramos
la Palabra de Dios,

el mundo se vuelve más y más
grande en nuestra mente

y nuestros sentimientos.

Y al cabo de un tiempo, hacemos
caso omiso a lo que Dios dice

en su Palabra, porque hemos
llenado nuestra mente, corazón,

y nuestro espíritu con otras
cosas, sea música,

lo que leemos,
nuestras actividades

o las relaciones que entablamos.

No podemos vivir en santidad,
y lo diré una y otra vez,

no podemos vivir
consagradamente,

sin leer este Libro.

No se puede.

Dios nos lo dio como manual
de instrucciones.

Y si queremos escuchar a Dios,
debemos mantenernos alerta

a lo que Él dice.

A veces nos habla
en el Antiguo Testamento,

otras veces en
el Nuevo Testamento.

Dios nos habla principalmente,
mucha atención,

mediante su Palabra.

Nos lleva a algún
pasaje bíblico,

pero no se limita a hablar
solo en la Biblia.

Otra razón,
tienen una actitud rebelde.

Viven en pecado.
No quieren nada.

«No me digas cómo
tengo que vivir».

Y como resultado,
no escuchan a Dios.

No están interesados en Él.

Solo les interesa tratar de,
mire,

satisfacer un vacío interno que
solo Dios Santo puede llenar.

Por eso vemos gente
que gasta su dinero,

arruinan sus vidas,
su matrimonio,

y lo que sea que tengan, por
negarse a escuchar los caminos,

la voluntad y la Palabra de Dios
todopoderoso.

Este Libro no se nos dio
como un regalito.

Se nos dio para llevarnos
a la salvación,

y enseñarnos a vivir
consagrados a Dios.

También hay quienes son
engañados por el mundo.

El mundo tiene
un gran atractivo.

Vea los anuncios publicitarios,
por ejemplo, son coloridos,

vívidos, alegres,
con mucha música y sonidos,

todo por captar
nuestra atención.

¿Sabe qué?

Captan nuestra atención,
pero piénselo.

¿En qué se comparan estas
promociones con el santo

y todopoderoso Dios,
el Soberano del universo?

¿No capta Él nuestra atención?

Si no la capta, es porque hemos
sintonizado nuestros oídos,

corazones y mentes
a la voz del mundo.

Con ello implicamos que no
nos interesa lo que dice Dios.

Y por último, simplemente diré
que cuando las personas albergan

pecado en sus vidas,
no pueden escuchar a Dios.

Cuando alguien les dice: «Esto
está mal, aquello no está bien,

eso está mal, aquello está mal»,
y lo ignoran, y albergan pecado

en sus vidas, no pueden
escuchar a Dios.

El pecado ensordece,
escuche bien,

los oídos del hijo de Dios.

Cierra los oídos
del hijo de Dios.

Y aquí está el Padre celestial,
quien desea hablarnos, guiarnos,

dirigirnos, lo que todos
necesitamos, pero hemos dejado

que el mundo capte
nuestra atención,

nuestro corazón
y nuestro estilo de vida.

Qué trágico.

Es trágico cuando alguien
no sabe escuchar a Dios.

Quizá diga: «Pero no sé cómo».

Pues queremos que sepa;
y le ayudaré a aprenderlo,

si aún no lo sabe.

Pero primero hay
que preguntarse:

¿Por qué la gente
no escucha a Dios?

La siguiente pregunta es: ¿Cómo
podemos identificar su voz?

A menudo la gente dice:

«Bueno, ¿cómo sé que es Dios
quien me habla

y no es algo que está
en mi mente?».

Eso lo entiendo.

Pero, especialmente
si es alguien

que tiene poco tiempo
siendo creyente,

¿cómo discernir la diferencia
entre lo que quiero,

mi voluntad, lo que deseo,
lo que anhelo y la voz de Dios?

¿Cómo puedo saber la diferencia?

Permítame darle algunas
sugerencias que le ayudarán

en eso.

Una de ellas es simplemente,
siempre, sin duda alguna,

la voz de Dios concuerda
con la Palabra de Dios.

Dios nunca nos dirá nada
que esté en desacuerdo

con las enseñanzas de la Biblia,
porque esta es su Palabra.

Dios no se contradice al hablar.

No dice una cosa un día
y una diferente otro día.

Así que una manera de saber
si escuchamos o no a Dios,

es decir: ¿Concuerda esta voz
con la Palabra escrita de Dios?

¿La voz en nuestros oídos
y corazón,

encaja con la Palabra
impresa de Dios?

Dios nos dio este libro
como guía.

En segundo lugar, lo que Dios
dice entra en conflicto

con la naturaleza humana.

Quizá Dios le diga
que haga algo.

«Ay, yo no podría hacer eso».

«No tengo la facultad
de hacerlo,

ni la destreza, ni la educación.

Tampoco tengo la experiencia».

Quizá Dios le pida algo que
es totalmente opuesto

a la percepción que tiene
de sí mismo o la manera

que piensa que puede
o no manejar algo.

Porque Dios sabe cómo
le ha equipado.

Cada uno tiene dones
espirituales.

Dios los conoce perfectamente.

Si Él le pide que haga algo
y usted piensa:

«No puedo hacerlo».

Con eso le dice a Dios
que cometió un error.

Cuando Dios nos da una orden,
Él no se equivoca.

Quizá no la entendamos y,
sin duda,

Dios me ha desafiado a hacer
cosas que mi primera respuesta

fue: «Señor, soy
la persona equivocada».

Y a veces he tenido que decirle:
«No creo que pueda hacerlo.

Segundo, francamente,
tengo miedo, Señor.

Tengo miedo».

«Así que no creo
que pueda hacerlo».

Pero lo maravilloso es que
Dios sigue insistiendo en eso,

hasta que por fin decimos:
«Está bien, Señor».

Y abrimos los ojos y nos damos
cuenta que Él nos ayudará

a hacer lo que nos
ha encomendado.

Dios nunca nos llama
a hacer algo

sin equiparnos para hacerlo.

Así que podemos saber
que Dios nos habla.

Tercero, Él desafía nuestra fe.

En otras palabras, mire,

preste mucha atención,
Dios no permitirá

que permanezcamos
en el mismo nivel de fe.

Él no lo permitirá.

Porque si lo hace,
significa que no creceríamos.

Si usted insiste en no hacer lo
que Dios le ha encomendado,

porque piensa que no puede
y porque no se siente apto,

lo que quiere decir
es que desafía

la mente de Dios
respecto a su fe.

Entonces, cuando Dios habla,
una manera de identificar su voz

es que desafía nuestra fe.

Él no nos desafiará a hacer
algo incorrecto.

Nos desafiará a hacer cosas que
creemos que no podemos hacer.

Y después de hacerlas,
le daremos gracias.

¿Qué pasa?

La voluntad de Dios es que
nuestra fe crezca, crezca,

crezca y crezca.

Él aumenta nuestro entendimiento
y nuestra fe,

y nos lleva adónde nunca
habíamos soñado.

Así opera Dios.

Así que cuando Dios le diga
que haga algo, o le dé cierta

dirección y usted piense:
«Oh, no, no puede ser Dios,

Él nunca me pediría
que haga eso».

Recuerdo varias veces
que tuve que decir:

«Señor, francamente,
tengo miedo».

Y eso no enojó a Dios.

Lo que hizo fue ayudarme
a encarar el hecho.

No era Dios el del problema.

Era yo.

Y una vez que estuve dispuesto
a reconocerlo,

fue como que si mi fe comenzara
a renacer.

Porque dije: «Señor,
tengo miedo».

Fui directo a la Biblia y busqué
historias de quienes habían

tenido temor.

Al obedecer a Dios,
¿qué hicieron?

Por eso necesitamos este libro
en nuestra vida,

mientras nos mantenemos atentos
a Dios Todopoderoso.

Así creceremos
en la vida cristiana.

A veces Dios nos habla
silenciosamente.

Recuerdo ocasiones en mi vida
cuando oré por algo

que consideraba importante,
algo importante en mi vida.

Y a veces uno cree que Dios
tendrá fuegos artificiales,

y demás, para mostrarnos
su voluntad.

No, a menudo es en el silencio,

cuando todo lo demás
marcha normalmente.

Y sin siquiera pensar en
lo que nos ha preocupado,

Dios nos da la respuesta y
le habla a nuestro corazón.

Y pienso en cuántas veces le he
dicho: «Señor, ¿estás seguro?».

Lo estaba, y yo tuve que
asegurarme.

Dios le ama suficiente para ser
muy claro en lo que le dirá.

Nunca vendrá con una idea vaga
que usted tenga que descifrar.

Así que si queremos escucharlo,
de algo podemos estar seguros,

y es que debemos aprender
a identificar la voz de Dios.

¿Por qué debemos aprender
a escuchar a Dios?

Por las decisiones
que debemos tomar.

Todos sin excepción a diario
tomamos decisiones

en la vida y debemos conocer
la voluntad del Padre

para tomar decisiones sabias.

Usted dirá:
«¿Cuáles decisiones?».

Todas.

No podemos pensar en una sola
decisión, al menos yo,

no puedo pensar en una decisión
en la que quiera excluir a Dios.

Y a veces necesitamos
su fortaleza.

No toda fortaleza es igual.

La más poderosa es en la mente,
en el corazón: «Sí puedo».

«Sí, lo haré, Padre, gracias.»

«Gracias por darme
la disposición,

la fortaleza,
la determinación,

la confianza y la seguridad
de que puedo hacerlo».

Todos necesitamos fuerza.

¿Qué dijo Pablo?

«Todo lo puedo–»
¿en quién?

«En Cristo que me fortalece».

Todos lo necesitamos.

Nadie puede fortalecernos
como el Señor Jesucristo.

Y, ¿cómo conocemos
la voluntad del Padre?

Hablando con Él y escuchándolo.

La gente dice: «He orado,
orado, orado y orado,

y no he escuchado nada».

¿Sabe por qué?

Porque no ha estado atento.

Solo se ha interesado en hablar.

Cuando pienso
en la gente que dice:

«Bueno, tengo un tiempo
de oración, leo la Biblia,

oro y luego me voy al trabajo».

Bueno, leyó la Biblia, oró,
¿acaso se detuvo un tiempo a ver

si Dios quería responderle algo?

Mire, es muy sencillo;
y lo pasamos por alto.

Él necesita que estemos
en silencio, y principalmente

en quietud, para hablarnos
y para que le escuchemos.

Asimismo, necesitamos que Dios
nos dirija para tener

su protección.

Todos necesitamos escuchar
la voz de Dios hablarnos

para protegernos.

Protegernos
de decisiones equivocadas,

de relaciones equivocadas,
protegernos, por ejemplo,

en cosas que hacemos,

como comprar un auto o
una vivienda o lo que sea.

Al escoger una pareja.

Necesitamos saber
¿qué piensa Dios?

¿Qué nos dice?

Debemos escucharlo
para que nos proteja.

Nadie nos protege
como lo hace Dios.

Si no lo escuchamos,
y las decisiones corren

por cuenta nuestra,
tendremos problemas.

Lo que me lleva a lo último
que deseo decir

y es que hay consecuencias
de no escuchar a Dios.

Primero que nada es esta.

Si no lo escuchamos, dejamos que
el mundo nos aleje de Dios.

Unas cuantas personas vienen
a mi mente,

por quienes he estado
orando últimamente,

que sé que no han
escuchado a Dios.

El mundo, o alguien, o algo,
lo que sea,

les está alejando de Dios.

Lo veo suceder.

Sé que sucede.

Al hablar con ellos,
sé lo que sucede.

Y quisiera decir: ¿Pero, es eso
lo que Dios le ha dicho?

«Bueno, creo que sí».

Y cuando les digo: «Dios nunca
le diría que haga eso».

Responden: «Y ¿cómo lo sabe?».

«Lo sé».

Y así empezamos una gran
discusión, así que solo tengo

que decir: «Señor, tendrás
que mostrárselo».

Espero que no sea muy tarde,

para mostrarles lo que
pasa en sus vidas.

Hay consecuencias de no escuchar
la voz de Dios.

Entonces, nos alejamos.

Segundo, somos engañados
fácilmente.

Mire, cuando esté con
sus amistades, y le digan

cómo debe hacer las cosas,
y qué decisiones tomar,

y le suene fabuloso,
y no escuche a Dios,

solo los escuche a ellos,
se meterá en graves problemas.

¿Qué es lo que dice Dios?

Así que debe preguntarse:

¿Vivo de tal modo
que no dejo que mi mente

se nuble con nada
que afecte mi manera de ver

y escuchar lo que Dios me dice?

Eso es muy importante.

Además de que afecta
a nuestros hijos.

Es decir, ellos harán lo que
hagamos nosotros.

Y generalmente lo hacen
a un grado mayor.

Tomamos decisiones costosas,
cuando no escuchamos a Dios.

Puedo pensar en varias
decisiones que tomé

que no fueron las acertadas.

Me dejé llevar por lo que
era razonable.

No podemos guiarnos por la
razón, cuando escuchamos a Dios.

Así que hay consecuencias
de no escuchar y actuar

por nuestra cuenta.

Si hiciéramos una encuesta,
la que sea,

en cualquier grupo de personas,
habrá gente que dirá:

«Sí, tomé una decisión

por mi cuenta,
sin preguntarle a Dios».

O gente que dice: «Bueno, una
noche salí con mis amigos y solo

nos bebíamos un trago, pasándola
bien, y tomé una decisión

que ha afectado el resto
de mi vida».

Escuchar a Dios es una gran
protección para nosotros.

Si no lo hacemos,
perdemos su voluntad.

Y una de las cosas más trágicas
en la vida es que alguien pierda

la voluntad de Dios en su vida,
tomando decisiones

en su juventud que afectan
el resto de su vida.

A veces quisiera tomar a alguien
por los brazos, estremecerle

y decirle: «Mira, no se trata
de cómo esto te afectará hoy,

sino de aquí a 10 años,
de aquí a 20 ó 30 años.

Esto te afectará el resto
de tu vida.

¡Piénsalo!».

Si no obedece a Dios,
puede arruinar su vida.

Y pienso en cuántos jóvenes
maravillosos que fijan su rumbo

sin pensar en las consecuencias
futuras.

Y hay consecuencias que
no pueden ser alteradas.

Y, claro, trae consecuencias
eternas.

Mire, cuando rechaza
a Jesucristo

como su Salvador personal,

lo rechaza como Salvador,
personal,

deliberada e intencionalmente.

Bueno, esa es una
de las consecuencias,

y el resultado es éste,

y es pasar la eternidad
separado de Dios.

Es estar perdido.

Toda la razón mundo tiene
no podrían darle salvación.

Pero suponga que es salvo y
decide no seguir la voluntad

de Dios, y todo lo que hemos
hablado.

¿Hay otras consecuencias?

Cuando esté frente al Dios
todopoderoso, y esté frente a Él

para dar cuenta de su vida,
no de su salvación,

de su vida, perderá
recompensas eternas.

Mire, el diablo quiere que
piense solo en el presente.

«¿Cómo me siento hoy?

¿Qué ganaré o perderé hoy?».

Dios quiere que pensemos
en el futuro.

Y al partir de esta vida,
del otro lado, recibiremos

o perderemos nuestro galardón,
conforme hayamos vivido.

Por eso es tan importante que
escuchemos a Dios cuidadosamente

y andemos en obediencia a Él
cada día.

Es el mejor y único camino,
en el cual segaremos la mejor

cosecha en nuestra vida,
hoy y en la eternidad.

Quizá usted escuche y diga:
«Bueno, no soy creyente».

«¿Entonces perderé el cielo?».

Se perderá el cielo.

«Pero he sido bueno.

Voy a la iglesia.
Ofrendo.

Trato de hacer lo correcto.

¿Me lo perderé?».

Se perderá el cielo.

La única forma de no perderlo
es aceptar por fe a Cristo como

su Salvador personal, no por
nada que usted haya hecho,

ni nada que hará,
sino por el hecho,

la verdad eterna,
de que Dios lo mandó a la cruz

a pagar el precio
de sus pecados,

su culpa, vergüenza y deshonra,
con su sangre.

Al morir en la cruz, con su
sangre pagó todos sus pecados,

pero solo puede aplicarse
a usted cuando lo acepta

como Salvador y su muerte
como paga por su pecado.

Si tiene algo de sabiduría,
es la decisión más importante

en su vida.

Deje de escuchar a sus amigos.

Deje de ver a su alrededor, lo
que parece bueno, y pregúntese:

¿Qué hay en la mente de Dios?

¿Qué dice Dios?

Y le aseguro que si no
ha aceptado a Cristo como

su Salvador,
Él le dice hoy:

«Lo que este hombre
dice es la verdad».

Es una verdad por la cual
será juzgado.

Una verdad que hará posible
que vaya al cielo.

Una verdad que también puede
hacer posible que se pierda

para siempre, si no responde
debidamente.

Ahora, si duda eso, tome
su Biblia y comience a leer.

Le he dicho la verdad.

Dice: «Si confesares con tu boca
que Jesús es el Señor

y creyeres en tu corazón»

que Dios resucitó a su Hijo,
y pone su fe en Él,

será salvo, y punto.

La decisión es suya.

Si es sabio, escuchará atento
y tomará la decisión sabia.

«Padre, cuán agradecidos estamos
que lo hayas dicho tan claro

y sencillo en tu Palabra,
que nuestro destino eterno

se define en una decisión.

Te pido que grabes en el corazón
de todo el que escucha,

cuán sumamente importante es que
te escuchemos y obedezcamos.

En el nombre de Jesús oramos.

Amén».

[música]